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	<title>Sigh</title>
	
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	<description>Espera lo inesperado</description>
	<pubDate>Thu, 21 Aug 2008 12:39:20 +0000</pubDate>
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		<title>Dios existe</title>
		<link>http://www.denibol.com/blog/2008/08/21/dios-existe/</link>
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		<pubDate>Thu, 21 Aug 2008 12:34:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Croc</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[Y un día, sin más, apareció. Lo anunciaron un sábado a mediodía en las noticias, y la gente se fue sumando a verlo y arremoliando alrededor la televisión más cercana según transcurrían los minutos. El titular a pie de pantalla rezaba &#8220;Dios existe y es americano&#8221;. Un escalofrío me recorrió la espalda al leerlo, y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Y un día, sin más, apareció. Lo anunciaron un sábado a mediodía en las noticias, y la gente se fue sumando a verlo y arremoliando alrededor la televisión más cercana según transcurrían los minutos. El titular a pie de pantalla rezaba &#8220;Dios existe y es americano&#8221;. Un escalofrío me recorrió la espalda al leerlo, y se acentuó cuando le ví.</p>
<p style="text-align: justify;">Medía algo más de dos metros y su cuerpo era escultural, pero lo que más, por no decir lo único, que llamaba la atención era su color: azul. No un azul marino o un azul celeste. Habría que invertar un nuevo término para definir esa tonalidad, pero creo que lo más aproximado sería denominarlo &#8220;azul fluorescente&#8221;. Estaba completamente desnudo y no tenía ni un sólo pelo en su cuerpo. Pero lo inquietante era su mirada, o falta de ella. Sus ojos eran absolutamente negros de extremo a extremo. Cuando la cámara le enfocó directamente, su mirada se clavó en los millones de telespectadores. Nadie decía nada. De repente, todos nos sentimos insignificantes en el universo y unos bebés ignorantes, como si todo lo que sabíamos y conocíamos hasta ahora no eran más que cuentos para no dormir.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero aquello sólo acaba de comenzar. Aquel &#8220;ser&#8221; estaba rodeado de militares y aquello era una presentación una sociedad. O al menos era lo que decían, porque aquello parecía una demostración de poder al mundo, de supremacía a sus enemigos. Y lo fue, contundentemente. Con un simple gesto detuvo decenas de balas que le habían disparado, pero no se detuvo ahí. Las armas que portaban los soldados levitaron y en el aire empezaron a desmontarse, pieza a pieza, hasta que se convirtió en un enjambre de moscas metálicas. Otro simple gesto, y el enjambre desapareció como si nunca hubiese existido. La demostración terminó con la fundición a temperatura ambiente de un tanque último modelo. Seguramente tambien habría podido reconstruirlo con la misma facilidad, pero estaba claro que no les interesaba dar ese tipo de imagen. Después vino la conferencia de prensa. Las imágenes ya estaban dando la vuelta al mundo. Era muy posible que por primera vez en la historia, no había ni una sola alma durmiendo en todo el planeta.</p>
<p style="text-align: justify;">El discurso del alto mando militar fue aburrido, con más palabrería hueca que nunca y haciendo hincapié en el hito histórico que estábamos viviendo. Se le notaba feliz, siniestramente contento. Después varios cargos militares comenzaron a explicar. Según contaron, aquel ser era una persona como cualquier otra, pero con la extraordinaria habilidad de poder &#8220;ver&#8221; y &#8220;manipular&#8221; la materia. Era consciente de todas y cada una de las partículas del universo, y por ello capaz de predecir su estado en el próximo instante. Era como si todos podemos intuir que algo que cae seguirá en línea recta hasta el suelo, y él pudiera hacer lo mismo pero a nivel atómico y con todo lo que existía a la vez. No lo dijeron explícitamente, pero sabía que aquel hombre era capaz de predecir el futuro con pasmosa exactitud, e incluso estar presente físicamente en varios sitios a la vez. Al fin y al cabo podía reagrupar la materia a su antojo.</p>
<p style="text-align: justify;">La charla terminó y la televisión siguió emitiendo su programación habitual, pero la gente no apartaba la vista de la pantalla. Yo tampoco. Mi mente se empeñaba en negar la existencia de lo que había visto, que todo no era más que un truco muy elaborado para la televisión. Pero de un modo u otro, incluso a varios miles de kilómetros de distancia de donde debía encontrarse, podía sentirle a mi lado, rodeándome.</p>
<p style="text-align: justify;">Aquello tenía aspecto de haber sido un experimento fallido del ejército, o si acaso un éxito de pura casualidad. Sin embargo, lo que no dejaba de darme vueltas y que me quitó el sueño durante mucho tiempo, era su humanidad. Me imaginaba a una familia viendo la televisión un domingo por la tarde en su casa, y de un instante al siguiente, dejar de existir, volatilizados silenciosamente en sus propios sillones a voluntad de alguien que se encontraba en la otra punta del mundo. Nada se lo podría impedir a excepción de una motivación para hacerlo o no.</p>
<p style="text-align: justify;">Si realmente existe un dios, estoy seguro de que sería como él. Pero no era una divinidad, era un simple humano con sus mismos poderes. Y los humanos, al contrario que un dios, se equivocan y pueden ser tentados.</p>
<p style="text-align: right;"><em>Inspirado en el personaje del Dr. Manhattan de la novela gráfica Watchmen</em>.</p>
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		</item>
		<item>
		<title>Psiquiatra</title>
		<link>http://www.denibol.com/blog/2008/07/31/psiquiatra/</link>
		<comments>http://www.denibol.com/blog/2008/07/31/psiquiatra/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 31 Jul 2008 11:57:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Croc</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[- Solo. Me siento completamente solo - dijo con la tristeza marcando cada palabra -. Siento que mi vida está vacía, que nada de lo que hago le importa a nadie - suspiró.
- Respuesta 0-3-5-2. Recuerde que sus impuestos son importantes para mucha gente - contestó la fría y artificial voz.
Jake le dedicó una mirada [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>- <em>Solo. Me siento completamente solo</em> - dijo con la tristeza marcando cada palabra -. <em>Siento que mi vida está vacía, que nada de lo que hago le importa a nadie</em> - suspiró.<br />
- <em>Respuesta 0-3-5-2. Recuerde que sus impuestos son importantes para mucha gente</em> - contestó la fría y artificial voz.<br />
Jake le dedicó una mirada de compasión a sus psiquiatra desde el diván. El androide sólo respondió abriendo más el obturador de sus ojos que hacían de metálico iris.<br />
- <em>Bueno, mira</em> - dijo incorporándose -. <em>Me has sido de gran ayuda. Ya me encuentro mucho mejor</em> - mintió. Por un momento pensó en buscarse a un especialista bueno, pero sabía perfectamente que los psiquiatras y psicólogos humanos, los de toda la vida como solía decir, eran escasos y muy, muy caros. No conocía a ninguno. De hecho ni siquiera conocía a nadie que conociera a alguno. Se preguntó si quizás ya no quedaban y estaba soñando con unicornios.</p>
<p>Se levantó y antes de dirigirse a la puerta le dedicó una última mirada al androide, esperando unas últimas palabras por su parte. Había quedado mudo y Jake llegó a pensar que se había averiado justo en ese momento. Pero no ocurrió nada. La cabeza del robot seguía todos sus movimientos y le observaba en silencio, a excepción del zumbido de los servomotores que lo articulaban.<br />
Ni siquiera tenía apariencia humana. Es decir, tenía forma humanoide, pero no era más que un simple muñeco de palo pintado en el sofá con barras grises y azuladas. Su función principal era la comunicación y no se habían esmerado en rematar el diseño. Demasiado caro y poco rentable supuso.<br />
Abrió la puerta y salió al pasillo. El edificio era extremadamente antiguo, parecido a los que había visto en películas de blanco y negro sobre detectives con gabardinas y sombreros. La puerta tenía un enorme cristal translúcido, o puede que simplemente muy sucio, y la débil luz mostraba toda una tonalidad de marrones y ocres sobre la pared. El polvo en suspensión que pudo ver a contraluz le recordó que debía respirar lo mínimo posible.</p>
<p>En su camino hacia las escaleras de salida tenía que pasar por delante de varias puertas iguales a la que acababa de cruzar. Cada una tenía un número pegado descuidadamente y se oían leves murmullos detrás de ellas, pudiendo llegar a entender algunos fragmentos sueltos de frases.<br />
- <em>&#8230; bajo la niebla londinense&#8230;</em><br />
- <em>&#8230; y aún así era insuficiente&#8230;</em><br />
- <em>&#8230; tesoro de proporciones bíblicas&#8230;</em><br />
A Jake le llamaron la atención estas últimas palabras y se acercó un poco más a la puerta para escuchar detenidamente.<br />
- <em>Entonces fue cuando cogí mi espada y salté hacia su barca.</em><br />
- <em>Respuesta 0-0-1-2. Por favor, continúe</em> - la voz del androide era inconfundible.<br />
- <em>Uno a uno les fui degollando. Al principio sólo hundía el acero en sus entrañas, pero después disfrutaba mutilándolos primero</em> - rió la otra voz.<br />
Escandalizado y atemorizado, se separó de la puerta un par de pasos y se quedó mirándola fijamente, imaginándose la dantesca situación que había escuchado. ¿Y si se trataba del relato de un sueño? ¿Y si era simple ficción? ¿Y si por el contrario se trataba de un perturbado mental? Ese estúpido androide no reconocería algo así ni aunque fuera la propia víctima, pensó Jake. Decidido a actuar, concluyó que en cualquiera de los casos debería entrar para cerciorarse. Si no era nada se disculparía educadamente, y si era algo más daría la señal de alarma y saldría corriendo.</p>
<p>Abrió la puerta con un 7 marcado sobre el cristal, con movimiento firme pero sin parecer violento. Lo que vio le dejó paralizado y boquiabierto. En el sofá estaba sentado un androide igual al que le atendía a él y que ahora le miraba fijamente, con mirada perpleja si pudiera transmitir emociones. Pero en el diván se encontraba recostado ¡otro androide! No era igual que el otro y se le notaba mucho más refinado y logrado, y en su rostro artificial sí que podía ver emociones. Pero no era asombro o sorpresa, sino ira.<br />
- <em>¿Qué haces aquí?</em> - gritó enfurecido -. <em>¡Esto es una consulta privada!</em> - se levantó enérgicamente en dirección al intruso. Jake balbuceaba disculpas, ahogadas por la sorpresa y sólo podía dar torpes pasos hacia atrás por donde había entrado. El androide cogió un bastó metálico que había junto al diván, y agarrándolo con ambas manos se dirigió hacia Jake.</p>
<p>Ambos salieron del pasillo entre gritos enfurecidos y palabras sueltas que Jake conseguía soltar cada vez en tono más alto para hacerse oír. El escándalo inquietó a los asistentes del resto de salas que abrieron las puertas para asomarse y algunos para salir a observar. Pero entre todas aquellas caras nuevas, Jake no consiguió ver ninguna humana. Todos los androides le miraban con atención desde sus iluminados ojos.</p>
<p>El primer golpe asestado pudo contrarrestarlo con el brazo, pero algo asustó a Jake. No sintió dolor alguno y el ruido provocado fue de metal entrechocado. El segundo le pilló desprevenido y le acertó de lleno en la cabeza. El sonido fue el mismo, pero esta vez la visión de Jake se nubló. No con una capa blanquecina y uniforme, sino con algo errático como la nieve de los antiguos televisores analógicos mal sintonizados. Entonces descubrió y comprendió todo. Un rápido barrido a sus brazos y piernas le permitieron ver ahora con claridad. Barras metálicas grises y azuladas se encontraban donde debían encontrarse sus extremidades. Un último vistazo a su agresor le permitió verse en el espejo antes de que le asestara el golpe final.<br />
- <em>¡Detengan el experimento!</em> - sonó entre alarmas por unas altavoces en el techo.<br />
- <em>La próxima vez intenta que los sujetos de prueba no salgan de las salas</em> - dijo una voz desde una oscura sala de control lleno de monitores.<br />
- <em>¡Tranquilízate! Piensa en la fortuna que haremos cuando terminemos de entrenar este programa de psicoanálisis.</em></p>
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		<title>Mi historia</title>
		<link>http://www.denibol.com/blog/2008/06/17/mi-historia/</link>
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		<pubDate>Mon, 16 Jun 2008 22:04:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Croc</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[Mi historia comienza una apacible mañana de primavera, hace ya muchas lunas. El poblado amaneció como cualquier otro día. Era la época de siembra y todos estaban afanosos en sus tareas diarias para las que habían madrugado especialmente. Algunos sacaban las vacas a pastar, las mujeres daban de comer maíz a los animales del corral [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Mi historia comienza una apacible mañana de primavera, hace ya muchas lunas. El poblado amaneció como cualquier otro día. Era la época de siembra y todos estaban afanosos en sus tareas diarias para las que habían madrugado especialmente. Algunos sacaban las vacas a pastar, las mujeres daban de comer maíz a los animales del corral y otros se encargaban de cuidar al resto de animales del establo, que incluían cerdos, caballos y una yegüa especialmente bonita de color canela. Los cerezos comenzaban a florecer con fuerza intuyendo una gran temporada de cosecha ese año.</p>
<p>Mi madre era la mujer del alcalde del pueblo. Bueno, el alcalde de facto, ya que aunque no había habido ninguna elección o votación popular, todos habían aceptado su papel de buen grado. Mi padre era conocido por todos como un gran conciliador y diplomático, y ya nos había salvado de más de un enfrentamiento con saqueadores o incluso con otros pueblos colindantes por la ocupación de tierras. Todos le alababan y todos le querían. Nadie más que yo veía en él un gran manipulador sin escrúpulos que no dudaba en persuadir a quien hiciera falta para conseguir lo que se proponía. ¡Pobre diablo! Su más preciado don se convirtió en su perdición.</p>
<p>Uno de los vigías situados en un puesto avanzado de la colina del este llegó corriendo y jadeando. El poblado entero se quedó paralizado mientras le veían correr hacia la plaza, intentado leer en el viento el porqué de su carrera. Mi padre estaba transportando una carretilla cuando le vió llegar por una de las calles de la plaza. La gente de todo el pueblo se acercaba lentamente para intentar oír lo que pudiera decir, como si sus palabras pudieran desencadenar una peste contagiosa.<br />
- <em>Llegan&#8230; vienen&#8230; les&#8230; visto&#8230; miedo&#8230;</em> - tartamudeaba como si estuviera en plena época de nieves y hubiese salido a quitar el hielo de la puerta sin ropa puesta. El jadeo era incesante y parecía que se fuera a ahogar de un momento a otro.<br />
- <em>Tranquilo. Relájate. Toma aire. ¡Que alguien traiga un vaso de agua!</em> - gritó mi padre levantando la voz para que la gente más próxima a sus casas le oyera.<br />
Un joven vino corriendo haciendo equilibrios con un vaso de cobre intentando no derramar el agua. Se lo entregó a mi padre y éste le acercó el vaso a los labios del mensajero para que pudiese sorber. Parecía que las palabras del alcalde habían surtido efecto y su respiración empezaba a calmarse.<br />
- <em>Vienen desde el horizonte. Un número demasiado pequeño para un ejército, demasiado grande para una patrulla de exploración</em>. - comenzó a explicar lo que había visto. Pero lo que más llamaba la atención no eran sus palabras, sino su mirada abierta, perdida y con el terror agarrando los párdados. - <em>Su piel&#8230; escamas&#8230;</em> - de pronto su voz empezó a perderse en el aire que exhalaba. Un grito ahogado terminó con un golpe seco. Su respiración cesó abruptamente y su expresión quedó congelada. La combinación de su ojos abiertos por completo y la boca abierta intentando coger aire por última vez, daban al cadáver un aspecto fantasmagórico. Las mujeres más ancianas de la aldea empezaron a murmurar. Todos sabíamos que estaban rezando a los dioses, algo que no habían necesitado hacer desde hacía muchos años, muchos antes de que yo naciera y en un tiempo convulso que sólo conocía por las historias que me contaban.</p>
<p>Mi padre no perdió la compostura en ningún momento. Gran parte del papel de liderazgo eran las apariencias, y si en un momento así mostrara un ligero atisbo de nerviosismo, desasosiego o inquietud, sabía que el pueblo entero entraría en pánico. Dependían demasiado de él. Todos habían aceptado que viviría eternamente para protegerles para siempre y se habían olvidado de cualquier asunto que tuviera un mínimo de responsabilidad con sus vecinos.<br />
- <em>Está claro que alguien viene hacia el pueblo. Ahora regresad a vuestras tareas que yo me encargaré de averiguar más información y de tratar con los posibles extraños.</em> - dijo en voz alta para que le oyera la mayor cantidad de gente, ahora arremolinada alrededor de él con el cuerpo del mensajero a sus pies. - <em>Rendidle honores a nuestro vecino</em> - dirigó una leve mirada hacia abajo - <em>y otorgadle un entierro digno</em>. - Sin más agarró la carretilla que estaba transportando antes de el incidente y siguió caminando hacia su destino abriéndose paso entre la multitud.</p>
<p>El día transcurrió intranquilo. La gente continuaba con sus tareas habituales, pero no podían quitarse de la cabeza la expresión congelada en el tiempo de aquel pobre desgraciado. Se empezaba a rumorear entre la gente, incluso la que no había estado presente, que había muerto de miedo tras haber visto un fantasma. Por fortuna o por desgracia las conjeturas no iban a durar mucho tiempo, ya que el mensajero no pudo dar más información sobre si los inquietantes viajeros iban a pie o a caballo y a cuanta distancia se encontraban.<br />
<span id="more-87"></span><br />
La gente aún no había asimilado todos los acontecimientos, cuando llegaron. Eran casi una decena y todos iban a caballo y con un amplio hábito  que los tapaba por completo. Sólos sus relucientes ojos se podían intuir bajo la sombra que proyectaba la capucha. Incluso usaban guantes para sujetar las riendas de unos caballos, que no se parecían a ninguna raza que ninguno hubiese visto antes. Eran grandes, negros y con una gran musculatura. Su crin grisácea se antojaba como una llama de ceniza ardiendo sobre el carbón de su piel. Los jinetes avanzaban despacio por la calle principal en dirección a la misma plaza central donde hacía poco uno de sus vecinos había perecido sin causa explicable. Un implacable silencio se adueñó del pequeño poblado. Ni siquiera los animales se atrevían a romperlo y la tensión se iba tejiendo a cada paso de sus negras monturas. Cuando llegaron a la plaza, se detuvieron y el más adelantado de ellos se destacó del grupo.<br />
- <em>¿Quién es el máximo responsable de este pueblo?</em> - dijo lanzando la pregunta al aire y oteando a toda la gente que estaba en su rango de visión. Su voz, grave como el sonido de un cuerno en una profunda caverna, heló la sangre de todos los presentes. El silencio se hizo más evidente si cabía. Todos pensaron inmediatamente en mi padre, preguntándose dónde estaría, pero a la vez temerosos de que le pudiera pasar algo ante aquellos desconocidos. Pero su miedo era egoísta, ya que tenían más miedo de su futuro sin alguien que les dirigera que lo que le pudiera pasar realmente a él. Una de las puertas de las casas que daban a la plaza se abrió, y el ruido de los cerrojos y los goznes retorciéndose entre la madera rompió el sepulcral silencio como si toda una vajilla de cristal fino cayera desde gran altura. A través del marco de la puerta apareció el alcalde, nada sorprendido por la situación y con gran calma.<br />
- <em>Yo soy el alcalde este pueblo. ¿Quién quiere saberlo?</em> - contestó dirigiéndose al jinete que le había hecho la pregunta. Se bajó de su negra montura y empezó a caminar firmemente hacia mi padre. Algunos apartaron la mirada como temiendo que le fuera a asestar una puñalada fatal. Se detuvo cuando se encontró a un par de metros de él, y con ambas manos se retiró la capucha. Aquel rostro puedo verlo hoy tan claro como veo la luna reflejada en un río. Su piel estaba cubierta casi toda por unas escamas azuladas y oscuras, por lo que no tenía ni un solo atisbo de pelo por toda la cabeza. Su mirada era seria e implacable, más parecida a una bestia que a un humano. Un par de pequeños colmillos asomaban por la boca incluso estando cerrada. Sus ojos eran tan azules como su piel y una sóla mirada suya bastaba para saber que habían presenciado infinidad de súplicas y clemencias por la vida.<br />
- <em>Venimos a ofrecerte protección, humano</em>. - dijo finalmente, haciendo especialmente énfasis en la última palabra, que a mí me sonó despectivo.<br />
- <em>No necesitamos protección. Estamos bien como estamos</em> - contestó mi padre, a lo que varios ancianos que presenciaban la escena asintieron.<br />
- <em>No te estamos dando la elección, humano. Tan sólo queremos un tributo a cambio de nuestro generoso ofrecimiento</em>.<br />
- <em>La palabra de un desconocido no tiene ningún valor para mí. Será mejor que abandonéis nuestro pueblo</em>. - dijo mi padre, pintando cada palabra con heroicismo. Si la gente no tuviera tanto recelo de la reacción de aquellos jinetes, muchos habrían arrancado a aplaudirle.<br />
El semblante de aquel azulado intruso no cambió, sin embargo, percibí como se iba enfureciendo por momentos, agotando una paciencia muy escasa de por sí.<br />
- <em>Protección o falta de ella. Piénsalo bien, humano</em>. - Su voz sonaba más grave que antes.<br />
- <em>Creo que ya ha quedado bastante claro</em>.<br />
- <em>Que así sea</em>. - respondió el jinete y sin más se dio media vuelta, se volvió a colocar la capucha y montó de nuevo el caballo. Esta vez el grupo salió al galope del pueblo, levantando una gran polvareda por el camino y asustando a todos los animales que se encontraba por el camino. La gente no repiró aliviada hasta que la nube de polvo levantada no despareció completamente por el horizonte del camino.</p>
<p>Sin embargo, una extraña sensación de intranquilidad permaneció en todos durante el resto del día, y durante toda la noche. Todos sabíamos que aquello no había terminado tan fácilmente, aunque la confianza en mi padre era tanta que algunos durmieron tranquilamente a pierna suelta.</p>
<p>Poco antes del alba, un leve temblor de tierra agitó todo el pueblo, levantando y alertando a toda la población. Los terremotos no eran algo muy común en aquella parte del continente, e inmediatamente todo el mundo lo asoció con los incidentes del día anterior. Mi madre me ordenó esconderme en el sótano de la casa, mientras ella iba a buscar a mi padre que no sabía donde se encontraba. Cerré la trampilla de acceso cuando un enorme estruendo agitó todo lo que me rodeaba. Perdí el equilibrio y caí al suelo en la oscuridad, pero pude sentir como el polvo y el serrín se colaban entre las rendijas y caían sobre mi cabeza. Algo había ocurrido.<br />
Un segundo estruendo lo azotó todo, pero esta vez fue más violento. Varias grietas se abrieron a lo largo del techo y una tenue luz entraba por ellas. Era la luz del sol, pero algo raro había en ella. Escalé por las baldas de la estantería de la despensa, ahora vacías al haberse caído todo lo que contenían al suelo, e intenté asomarme por uno de los agujeros. Sólo era lo suficientemente ancha para que cupiese mi brazo, así que intenté mirar a través de él para ver a alguien al que poder pedir auxilio. Ví a mi padre en la plaza, pero cuando iba a gritarle para que viniera a por mí, me dí cuenta de que algo iba mal. Caminaba hacia atras con paso tembloroso y aunque no podía verle la cara, sabía que tenía una expresión en el rostro parecida al muchacho que murió el día anterior. De repente, una sensación de pánico me invadió. No sabía muy bien por qué, pero un terrible miedo me paralizó. Quería moverme y asomarme más por el hueco, pero no podía. Mis piernas temblaban y varios escalofríos recorrían mi espalda una y otra vez. Y sobre todo tenía la horrible sensación de que todo iba mal. Un grito de una voz conocida llegó a mis oídos, pero yo no podía reaccionar. Un ruido de fruta pasada me indicó que todo había terminado. La sensación de pánico fue disminuyendo gradualmente y mi cuerpo relajándose en consonancia. Cuando mis piernas respondieron, caí de la estantería y me desmayé.</p>
<p>Lo siguiente que recuerdo es que me desperté en una casa de curación del pueblo más cercano. Alguien debió encontrarme bajo los escombros y me llevó hasta allí. Sufrí varios golpes que se curaron con el tiempo, pero mi alma rasgada no podía cicatrizar. No me impidieron volver a mi pueblo una vez que estuve curado, pero yo no quise volver. No sentí pena por mi madre o mi padre. De hecho, acabé odiándoles, por salvarme, por ocultarme el mundo real tanto tiempo. Lo único que absorbía mi mente desde entonces era conseguir el mismo poder que ya había cambiado mi vida para siempre. Quería infundir el mismo pánico entre la gente. Quería ser respetado. Quería ser uno de ellos.</p>
<p>Durante varios años vagué sólo de pueblo en pueblo, preguntando, siguiendo la pista de aquellos jinetes oscuros. No fue fácil, ya que todo el mundo evitaba el tema, no querían hablar de lo que les hacía débiles, de su humillación. Y yo cada vez deseaba más y más ser como uno de ellos. Finalmente, en una noche de invierno, les encontré en una posada.</p>
<p>Vendí mi alma. Me entregué en cuerpo y mente a mis nuevos dioses. Su dogma pasó a ser el mío. Nunca me pregunté por qué decidieron acogerme y mostrarme su camino. ¿Sería su ambición de expansión? ¿Sería mi determinación? El fin justificó todos los medios. Cuando mi iniciación terminó, emprendí mi camino en solitario con mi nueva vida. Pronto mi cuerpo se irá transformando para adaptarse a nueva verdad, como un chamán dragón.</p>
<p><em>¿Y cual es vuestra historia?</em> - pregunté a mi nuevo y variopinto grupo de aventuras con el que compartía una hoguera en mitad de la nada.</p>
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		<title>I Concurso de Microrrelatos fnac.es</title>
		<link>http://www.denibol.com/blog/2008/06/16/i-concurso-de-microrrelatos-fnaces/</link>
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		<pubDate>Mon, 16 Jun 2008 13:54:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Croc</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Para el I Concurso de Microrrelatos fnac.es, presenté el siguiente texto, que desgraciadamente no se ha encontrado entre los 20 finalistas.
- ¡Eh, tú! – dijo una voz - ¡Sí, tú! El de la túnica.
El aprendiz se quedó paralizado por miedo a haber sido descubierto, pero respiró aliviado cuando comprobó que la voz provenía de un [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Para el <a href="http://multimedia.fnac.es/00ver/microrrelatos/index.htm">I Concurso de Microrrelatos fnac.es</a>, presenté el siguiente texto, que desgraciadamente no se ha encontrado entre los <a href="http://multimedia.fnac.es/00ver/microrrelatos/finalistas.htm">20 finalistas</a>.</p>
<blockquote><p>- <em>¡Eh, tú!</em> – dijo una voz - <em>¡Sí, tú! El de la túnica</em>.</p>
<p>El aprendiz se quedó paralizado por miedo a haber sido descubierto, pero respiró aliviado cuando comprobó que la voz provenía de un viejo libro.</p>
<p>- <em>¿Es a mí?</em> – preguntó.<br />
- <em>¡Claro! No veo a nadie más. Eres joven y perspicaz. Necesito que me ayudes a llenar mis páginas en blanco antes de que sea demasiado tarde</em>.<br />
- <em>¿Y qué quieres que escriba?</em> – preguntó decidido con una pluma llena de tinta ya en su mano.<br />
- <em>Lo que quieras. Pero ten en cuenta que todo aquello que escribas soy capaz de hacerlo realidad en tus sueños</em>.<br />
- <em>¿Puedo soñar con cualquier cosa?</em> – sus ojos se abrieron como platos.</p>
<p>¿Qué quería ser? ¿Pirata en los mares del sur? ¿Caballero de una poderosa orden? ¿Explorador de estrellas lejanas? No le importaba, el límite estaba en su propia imaginación. </p></blockquote>
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		<title>Alguien</title>
		<link>http://www.denibol.com/blog/2008/04/07/alguien/</link>
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		<pubDate>Mon, 07 Apr 2008 20:48:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Croc</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[- Observa ahora el regalo que te he hecho.
David aún continuaba en el suelo, semiinconsciente y desorientado. Yacía sobre un pequeño charco de su propia sangre. Se incorporó levemente apoyando una mano sobre el rojo líquido. Sentía cómo el corazón se aceleraba por momentos, desbocado, temiendo que en el próximo latido saltara disparado de su [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>- <em>Observa ahora el regalo que te he hecho</em>.</p>
<p>David aún continuaba en el suelo, semiinconsciente y desorientado. Yacía sobre un pequeño charco de su propia sangre. Se incorporó levemente apoyando una mano sobre el rojo líquido. Sentía cómo el corazón se aceleraba por momentos, desbocado, temiendo que en el próximo latido saltara disparado de su pecho. La sangre le hervía. El fuego  invadía sus venas, avanzando lentamente. Al principio quería arrancarse los miembros cuando le escocían las entrañas, pero al poco la sensación se fue tornando en placentera. Alzó la vista hacia el oscuro firmamento y por fin se sintió completo otra vez. Completo, pero distinto. Seguía respondiendo por su nombre, David, pero ya no se sentía como él, su antiguo yo.</p>
<p>- <em>¿Y bien?</em> - preguntó Chloe. Aunque ya conocía la respuesta. Lo había visto tantas veces y siempre recibía la misma. - <em>¿Cómo te sientes?</em><br />
- <em>Poderoso</em> - respondió David ya incorporado del todo y con una hilera sádica como sonrisa.</p>
<p>Se sentía capaz de cualquier cosa. Nada le parecía imposible a sus ojos.</p>
<p>- <em>Muy bien. Lo primero es enseñarte a sobrevivir. Puede parecer fácil, pero hay más trampas de las que crees. Mi misión es enseñarte todas las que pueda y prepararte para que aprendas el resto por ti mismo</em>.</p>
<p>- <em>¿Fácil? Trivial diría yo</em> -. Sus ojos parecían encendidos y alimentados por un río de lava que discurría por su interior.<br />
- <em>Calma. No te precipites. Vamos a empezar por algo sencillo </em>-. Observó el oscuro parque a su alrededor, y aunque parecía desierto a esas horas de la madrugada, vislumbró a una persona. Se trataba de un adolescente paseando a un pequeño perro. - <em>Perfecto. Veamos cómo te desenvuelves</em>.</p>
<p>David no se lo pensó ni un instante, ni siquiera se molestó en rodear un pequeño seto que se interponía en su camino. Se sentía imparable. El muchacho se quedó paralizado ante la repentina aparición de un hombre entre las sombras, y soltó la correa del perro que insistía en seguir paseando.<br />
Fue un encuentro desigual. Un elefante pisando a una hormiga. Una ballena bebiendo plancton. Un agujero negro absorbiendo y apagando una brillante estrella.</p>
<p>- <em>No ha estado mal, aunque mejorable</em> - dijo Chloe al pie de un árbol cercano, como una espectadora de una cruenta obra de teatro. Un ladrido de perro sonó lejano entre los árboles.<br />
- <em>¡No digas tonterías, furcia! No necesito tus consejos, ni tu soberbia, ni nada que venga de ti</em> -. Y sin más, dio media vuelta y se alejó caminando por el sendero. Con paso firme y sintiendo cómo hacía rebotar la tierra con cada uno. Chloe no hizo nada, no dijo nada, ni siquiera gesticuló. Lo había visto tantas veces, y siempre era el mismo resultado.</p>
<p>A la noche siguiente, compró la edición vespertina del diario. En la tercera página pudo leer: &#8220;<em>Oleada de sangrientos asesinatos. Casi una decena de muertos en extrañas circunstancias antes del alba, parecidos a los ocurridos hace un mes, aunque se descarta relación alguna</em>&#8220;.</p>
<p>- <em>¿Por qué sigues empeñándote, hermana?</em> - preguntó Zoe.<br />
- <em>Alguno será distinto. Alguno no terminará como un montón de ceniza al amanecer. Alguno&#8230; - contestó Chloe con lágrimas en los ojos -. Alguno me amará durante estas centurias de soledad</em>.</p>
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		<title>Hechizo (II)</title>
		<link>http://www.denibol.com/blog/2008/03/11/hechizo-ii/</link>
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		<pubDate>Tue, 11 Mar 2008 07:00:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Croc</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[- ¿Por qué me golpeas? - intentó decir Silvia. Pero por más que lo intentaba, su boca no respondía. Pero más que no poder hablar o no poder moverse, estaba asustada porque hacía unos minutos que ya no respiraba. Y lo peor era que no sentía la necesidad de hacerlo.
- ¿Qué ha pasado? - preguntó [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>- <em>¿Por qué me golpeas?</em> - intentó decir Silvia. Pero por más que lo intentaba, su boca no respondía. Pero más que no poder hablar o no poder moverse, estaba asustada porque hacía unos minutos que ya no respiraba. Y lo peor era que no sentía la necesidad de hacerlo.<br />
- <em>¿Qué ha pasado?</em> - preguntó Sofía asustada con voz temblorosa.<br />
- <em>¡No lo sé!</em> - contestó Raquel al borde del histerismo. Ninguna de las dos podía levantar la vista sobre la estatua que hacía un momento era su amiga y compañera.</p>
<p>Por su parte, Silvia era plenamente consciente de todo, y conservaba todos sus sentidos. Podía ver lo que tenia justo delante, ya que al igual que el resto del cuerpo, no podía mover tampoco los ojos. Pero podía oír y sentir hasta la más leve brisa que se colaba por una rendija de la ventana.<br />
- <em>¡Tenéis que sacarme de aquí! ¡Socorro!</em> - intentó gritar sin éxito.<br />
Las dos hermanas mientras intentaban pensar una solución.<br />
- <em>Tenemos que volver a la casa de subastas, Raquel. Allí quizás puedan darnos alguna información sobre estas piedras y su&#8230;</em> - pensó la palabra adecuada mientras volvía a mirar a Silvia - <em>sus efectos</em>.<br />
- <em>No creo que allí sepan nada, pero pueden darnos los contactos de las otras personas que pujaron. Si no recuerdo mal, había más cestas con piedras de otros colores</em>.</p>
<p>Sofía cogió las llaves del coche y salió disparada por la puerta. Raquel se detuvo en el umbral y dirigió una última mirada a su amiga.<br />
- <em>No te preocupes, haremos todo lo posible y pronto estarás bien</em> - dijo hacia la estatua, ahora de espaldas a ella, intentando ocultar los miedos que la acechaban al pronunciar. Y cerró la puerta.</p>
<p>El paso del tiempo se convirtió en algo relativo para Silvia. Ahora que estaba sola no tenía nada que la indicase si hacía varias horas que sus amigas se habían ido o tan sólo unos pocos minutos. En cualquier caso una voz la sacó de su trance atemporal.<br />
- <em>¿Hola? ¿Hay alguien en casa? ¿Silvia?</em> - preguntó Javier desde la puerta que abrió con el juego de llaves que aún conservaba.<br />
Javier avanzó por la casa preguntando si había alguien cada vez que se acercaba a una puerta, hasta que al entrar en una de ellas se encontró con tres cajas en el suelo y su nombre escrito a los lados con rotulador.<br />
- <em>Éstas deben ser mis cosas</em> - suspiró.<br />
Pero al lado de las cajas había una estatua que le llamó la atención y que no recordaba haber visto antes. Se detuvo a contemplarla unos instantes hasta que reconoció el rostro.<br />
- <em>¡Vaya! Por este tipo de cosas no te soportaba. Sólo a tí se te ocurriría encargar un maniquí de tí misma para probar ropa</em> - dijo imaginando que hablaba con una hipotética Silvia - <em>¿Pues sabes una cosa? Me lo voy a llevar y así tendré un recuerdo tuyo.</em><br />
- <em>Ni yo aguantaba tu egocentrismo, pero, ¡tienes que ayudarme! ¡Soy yo, la Silvia de verdad!</em> - pensó Silvia.<br />
Después de cargar las cajas en el coche, regresó a por el maniquí. Para sorpresa de Silvia, Javier pudo levantarla y moverla con suma facilidad. Para el resto del mundo y las leyes de la física, ahora no era más que un trozo de plástico hueco.<br />
- <em>¡¿Qué haces?! ¡No puedes llevarme! ¡Ésto es un secuestro! ¡Sofía! ¡Raquel! ¡Auxilio!</em> - gritaba Silvia en la desesperación de sus pensamientos.<br />
Pero al llegar a su coche, Javier se encontró con un problema, la figura no cabía porque era demasiado larga para el hueco del maletero. Ya había estado antes en algún trabajo de verano con maniquíes, así que sabía como solventarlo. Levantó un poco la blusa que llevaba puesta para descubrir una pequeña fisura a la altura de la cadera y que la rodeaba por completo. Haciendo un poco de fuerza con ambas manos en direcciones opuestas, consiguió separar el maniquí en dos partes, que se encontraban unidas por un pequeño eje de metal que ahora quedaba expuesto en el centro de la parte inferior.<br />
Para Silvia la experiencia fue tan traumática como excitante, y sorprendentemente, seguía sintiendo todo su cuerpo aunque ya no se encontrara de una pieza. La oscuridad la cegó cuando la puerta del maletero encerró a sus dos mitades.</p>
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		<title>Hechizo (I)</title>
		<link>http://www.denibol.com/blog/2008/02/13/hechizo-i/</link>
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		<pubDate>Wed, 13 Feb 2008 08:34:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Croc</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[- ¿Me podéis ayudar, chicas? - pidió Silvia casi conteniendo el aliento del esfuerzo mientras entraba con una caja de cartón en los brazos.
- Sí, claro - contestaron casi al unísono las dos hermanas. Se levantaron del sofá y fueron hasta la puerta de la habitación de su compañera de casa para coger cada una [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>- <em>¿Me podéis ayudar, chicas?</em> - pidió Silvia casi conteniendo el aliento del esfuerzo mientras entraba con una caja de cartón en los brazos.<br />
- <em>Sí, claro</em> - contestaron casi al unísono las dos hermanas. Se levantaron del sofá y fueron hasta la puerta de la habitación de su compañera de casa para coger cada una otra caja de similar tamaño. Cuando terminaron, Raquel y Sofía se volvieron a sentar mientras Silvia permanecía de pie junto a las cajas intentando recobrar el aliento.<br />
- <em>¿Podéis decirle a Javier cuando venga que éstas son sus cosas?</em> - preguntó Silvia - <em>No tengo ganas de volverle a ver ni una vez más</em>.<br />
- <em>No te preocupes. Intentaremos que se vaya lo antes posible</em> - contestó Raquel.<br />
- <em>Por cierto</em> - dijo Silvia -, <em>aún no os he preguntado. ¿Qué tal la lectura del testamento?</em><br />
- <em>Ha sido un poco rara, aparte del hecho de que hasta ayer mismo no sabíamos que teníamos una tía abuela</em> - dijo Sofía.<br />
- <em>¿Rara? ¿Qué ha pasado?</em> - preguntó Silvia intrigada.<br />
- <em>Resulta que no era un reparto de herencia como en las películas, sino una subasta</em> - empezó Raquel.<br />
- <em>Pero lo más raro no era eso</em> - continuó Sofía -, <em>sino que allí había un montón de personas que tampoco conocíamos de nada y que llevaban unas pintas ridículas como si fueran personajes excéntricos sacados directamente de una novela antigua</em>.<br />
- <em>Entonces no os ha tocado nada, ¿no? Ya puedo despedirme de que me podáis comprar ese vestido carísimo que tanto me gusta</em> - bromeó Silvia.<br />
- <em>Bueno, las cosas que se subastaban eran casi todo libros viejos y adornos de estantería inútiles, aunque extrañamente la gente pujaba bastante dinero por ellas. Al final, aunque solo sea de recuerdo, pujamos por lo que nos pareció más barato</em> - explicó Raquel -. <em>Una cesta de piedras verdes</em>.<br />
- <em>¿Piedras? ¿Son bonitas al menos?</em> - se interesó Silvia.<br />
- <em>Júzgalas tú misma</em> - contestó Sofía mientras cogía una de las piedras verdosas de su cesta de mimbre que había dejado sobre la mesa al lado del sofá. Y se la lanzó.<br />
La piedra no era más grande que un huevo de codorniz, y aunque era de un color verde oscuro profundo, respondía a la luz dejándola pasar y aclarando su color original.<br />
Sin embargo, Silvia no esperaba tener que cogerla al vuelo, y tras la sorpresa inicial, la piedra impactó contra su abdomen y al instante estalló. El sonido que hizo al romperse fue como si miles de pequeñas voces chillonas gritaran a la vez durante una milésima de segundo. En su lugar, ahora sólo flotaba polvo verde alrededor de la zona donde había golpeado.<br />
- <em>¡Ten más cuid&#8230;!</em> - empezó a decir Silvia, pero algo la impidió terminar la frase. Su expresión quedó congelada con un grito de sorpresa, como si algo se la hubiera atragantado en la garganta. El diminuto polvo verde empezó a brillar con luz propia. Parecía que cada insignificante mota también estuviera explotando lanzando destellos verdosos.<br />
- <em>¿Estás bien?</em> - preguntó Raquel asustada mientras se levantó de un salto dispuesta a socorrerla.<br />
Silvia no comprendía lo que ocurría. Sentía como si una enorme fuerza invisible la impidiera moverse ni un milímetro y un agradable cosquilleo se extendiera por su cuerpo desde la tripa hacia todo el cuerpo. Un calor desde su interior empezó a germinar y la provocaba una placentera y acogedora sensación de serenidad.</p>
<p>Sofía y Raquel miraban atónitas a su amiga. No sólo parecía que se había quedado inmóvil, sino que además su piel estaba empezando a reflejar la luz como si una capa de barniz se estuviera secando sobre ella.<br />
Finalmente el polvo verde desapareció del todo y se hizo el silencio, sólo interrumpido por la respiración angustiosa de las dos hermanas. Raquel se acercó muy despacio, temiendo que su amiga se moviera de repente en cualquier momento dándolas un susto de muerte.<br />
Pero no ocurrió nada. A tan sólo unos pocos centímetros del rostro de Silvia, pudo apreciar que no era ninguna broma. Su expresión carecía de vida y sus rasgos eran más propios de una pintura al lienzo que de una persona viva.<br />
Con el pulso tembloroso, golpeó con los nudillos sobre su frente. El sonido seco que devolvió era el mismo que el de una pieza de plástico hueca.<br />
- <em>¡Oh, Dios mío!</em> - susurró Raquel con voz rota, tapándose la boca con ambas manos.</p>
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		<title>Estrellas</title>
		<link>http://www.denibol.com/blog/2008/02/11/estrellas/</link>
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		<pubDate>Mon, 11 Feb 2008 10:02:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Croc</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[La luna brillaba con toda su fuerza en el firmamento, y dejaba caer su luz sobre sus cuerpos desnudos.
- ¿Verdad que es bonita?
- Sí
Solían pasarse horas los dos allí tumbados, contemplando el firmamento y contando estrellas.
- ¿Cuántas llevamos?
- Con esa de ahí - señaló - hacen exactamente tres millones.
- Increíble. Tres millones de estrellas y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La luna brillaba con toda su fuerza en el firmamento, y dejaba caer su luz sobre sus cuerpos desnudos.<br />
- <em>¿Verdad que es bonita?</em><br />
- <em>Sí</em><br />
Solían pasarse horas los dos allí tumbados, contemplando el firmamento y contando estrellas.<br />
- <em>¿Cuántas llevamos?</em><br />
- <em>Con esa de ahí</em> - señaló - <em>hacen exactamente tres millones</em>.<br />
- <em>Increíble. Tres millones de estrellas y sólo vemos una mínima parte de las que existen</em>.<br />
La noche estaba especialmente clara y la sensación de paz y serenidad era plena.<br />
- <em>¿Tú crees que alguna tendrá planetas habitados?</em><br />
- <em>¡Claro! Estadísticamente tiene que haber miles de ellos</em>.<br />
- <em>Yo me conformaba con uno. Sólo para saber que no estamos solos</em>.<br />
Los dos disfrutaban discutiendo sobre temas de gran implicación filosófica, y aquel era su preferido.<br />
- <em>Si encontramos uno con vida inteligente, ¿serían hostiles?</em><br />
- <em>¿Lo serías tú si fueran ellos los que nos encontraran?</em><br />
La pregunta no requería contestación. Ambos eran conscientes de su autodestrucción como especie.<br />
- <em>¿Y si nos extinguimos antes de encontrarla?</em><br />
- <em>No pienses en eso.</em><br />
Estrecharon sus tentáculos y pasaron el resto de la noche hipnotizados mutuamente por el brillo de sus escamosas pieles y sus atrofiadas y pequeñas alas.</p>
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		<title>Avaricia (y III)</title>
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		<pubDate>Sun, 02 Dec 2007 17:00:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Croc</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[- Adelante - fue todo lo que necesitó decir.
El operador accionó una palanca de color rojo y visiblemente más destacada que las demás e invocó un infierno. La luz de la sala se apagó y la única fuente luminosa que había procedía de la ahora rojiza e incandescente cámara donde habían depositado la estatua. El [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>- <em>Adelante</em> - fue todo lo que necesitó decir.<br />
El operador accionó una palanca de color rojo y visiblemente más destacada que las demás e invocó un infierno. La luz de la sala se apagó y la única fuente luminosa que había procedía de la ahora rojiza e incandescente cámara donde habían depositado la estatua. El terror en el rostro de Ashe mientras veía desfigurarse la metálica cara de aquella inocente víctima contrastaba con la sonrisa de satisfacción de su asesina, iluminada por el tembloroso resplandor.</p>
<p>Un leve zumbido era lo único que rompía el agónico y asfixiante silencio durante los escasos minutos del proceso. Los gritos que Ashe quería lanzar quedaban ahogados entre las fuertes náuseas que comenzaba a sentir.<br />
Cuando todo terminó, la luz volvió y todos los operarios continuaban como si nada hubiera ocurrido, como si aquella fuera una vez más de otras muchas.</p>
<p>- <em>Ven. Dejémosles trabajar. Aún les queda bastante que hacer para dar forma a mis necesidades</em> - dijo Shauni mientras tomaba del brazo y tiraba de una pálida periodista - <em>Además, supongo que tendrás muchas preguntas. Al fin y al cabo eres curiosa por naturaleza, ¿no?</em> - la dirigió un esbozo de sonrisa, que se transformó en escalofrío para Ashe.<br />
-<em> Sí&#8230; Tengo algunas preguntas&#8230;</em> - contestó aún sin expresividad ni en su rostro ni en su voz.</p>
<p>Caminaron por un par de pasillos y llegaron a una pequeña y acogedora sala de estar con tan sólo dos butacas enfrentadas separadas por una mesita y algunos muebles decorativos. Lo más llamativo era la escasez de los elementos dorados que predominaban por el resto de la mansión.<br />
La dos se sentaron y sus miradas quedaron atravesadas.<br />
-<em> ¿Y bien?</em></p>
<p>Ashe necesitaba una pequeña pausa para recobrar el aliento, reordenar sus pensamientos y ser consciente de la situación en la que se encontraba. Todo había cambiado y ahora su prioridad ya no era realizar aquella entrevista, sino salir de aquel lugar. Lo único que no llegaba a comprender era por qué la estaba concendiendo precisamente a ella aquella oportunidad. Lo único que tenía claro era que debía actuar con cautela.</p>
<p>- <em>Eso que puede hacer es&#8230;</em> - buscó la palabra adecuada - <em>asombroso</em>.<br />
- <em>Gracias. Es un don que he tenido siempre. Nací con ello. De hecho mis padres fueron los primeros en comprobarlo cuando tan sólo era un bebé</em> - la tristeza que acompañaba a sus palabras decía más que ellas mismas.<br />
- <em>¿Ha utilizado su don</em> - remarcó - <em>para conseguir todas sus posesiones?</em><br />
- <em>Sí, pero no de la forma que crees. Mi don sólo funciona sobre entes vivos</em>.<br />
Ashe sabía que su silencio encerraba más que lo que estaba diciendo, y su subconsciente lo confirmaba con ligeros escalofríos por toda la espalda.<br />
- <em>¿Y por qué no animales, Shauni?</em> - preguntó con tono serio, como si intentara juzgarla con cada palabra.<br />
- <em>¡Impensable!</em> - respondió bruscamente con signos de haber sido ofendida - <em>¿No has visto las estatuas de mi mansión? Bellezas capturadas y detenidas en el tiempo. Símbolos de la divinidad humana transformadaos para que todo el mundo pueda valorarlos y apreciarlos</em> - tomó una breve pausa - <em>Aunque nadie podrá hacerlo como yo</em> - dijo en un leve hilo de voz, distraída por pensamientos que había evocado ella misma.<br />
- <em>¿Cómo su asistenta, no? ¡Es usted un monstruo! ¡Una asesina!</em> - finalmente explotó. No podía soportar cómo a pesar de arrebatarles la vida a todas aquellas personas, tan sólo por placer personal, no mostraba el más mínimo arrepentimiento y se autojustificaba complaciéndose a sí misma con soberbia y aires de grandeza. Se creía una diosa con poder para decidir sobre los demás.<br />
- <em>Está claro que no comprendes mi punto de vista. Si de algo he podido pecar ha sido de avaricia. El oro es como una droga: nunca tienes suficiente de él.</em></p>
<p>El momento había llegado. Ashe lo presentía y no se equivocó. Shauni saltó de su sillón hacia donde estaba ella como un felino dispuesto a cualquier cosa con tal de atrapar a su objetivo. La previsión ante el ataque la ayudó a esquivarla. En cuando la tocara, aunque fuera mínimamente, sería su fin.</p>
<p>Salió corriendo de la pequeña sala y empezó a recorrer los pasillos y tomando las direcciones que más la sonaban en aquel laberinto subterráneo. La casualidad o su subconsciente quiso que llegara al taller. Ya se encontraba vacío y toda la maquinaria se encontraba en reposo, por lo que supuso que los operarios y orfebres ya habrían terminado su trabajo.<br />
- <em>¡Vaya!</em> - dijo Shauni desde la puerta - <em>Me has ahorrado el trabajo de traerte hasta aquí cuando termine contigo</em>.</p>
<p>De nuevo se abalanzó sobre ella, pero esta vez no puedo esquivarla aunque sí retenerla. Durante unos instantes forcejearon mientras Ashe la sujetaba los brazos para impedir que se acercara a ella. Agradeció que estuviera completamente vestida para poder agarrarla sin tocarla. Se empujaron, golpearon y rodaron contra las mesas y paredes en repetidas ocasiones, tirando al suelo varias herramientas.<br />
- <em>¡Tu avaricia será tu perdición!</em> - gritó Ashe.<br />
Tras el último golpe, Shauni cedió un poco por el dolor del impacto y su contrincante aprovechó para doblegar su brazo y golpearla en la cara usando su propia mano.<br />
- <em>¡No!</em> - fue todo lo que pudo decir con el miedo y la derrota gesticulando en su cada vez más dorada cara. El proceso se completó tras unos instantes. Ashe jadeaba de cansancio y valoraba sus contusiones mientras recuperaba el aliento.<br />
- <em>¿Por qué tuviste que gritar en el último momento? Mírate, gesticulando para toda la eternidad. ¿Ésta es la belleza que querías capturar?</em> - hablaba hacia la nueva estatua que se erigía delante de ella - <em>Aunque hay una solución que seguro que te complace</em> - añadió mientras miraba con complicidad la fragua.</p>
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		<title>Profecía</title>
		<link>http://www.denibol.com/blog/2007/11/29/profecia/</link>
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		<pubDate>Thu, 29 Nov 2007 15:00:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Croc</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[Cogió a todo el mundo de improviso. Aquel acto tuvo repercusiones más allá del espacio y del tiempo, más allá de cualquier concepción que un humano podría tener de la realidad. En aquel mismo instante, y con su último aliento, el único dragón que quedaba lanzó la profecía, de la que sólo serían testigos los [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cogió a todo el mundo de improviso. Aquel acto tuvo repercusiones más allá del espacio y del tiempo, más allá de cualquier concepción que un humano podría tener de la realidad. En aquel mismo instante, y con su último aliento, el único dragón que quedaba lanzó la profecía, de la que sólo serían testigos los valientes guerreros que quedaban con vida después de la cruel batalla.<br />
- <em>Que mi sangre sea veneno para vosotros, que el veneno sea placer en vuestras gargantas. Juro que algún día la humanidad será esclava de mi poder</em>.<br />
El dragón cerró los ojos y su cabeza se desplomó sobre las rocas de la cueva. La polvareda levantada tiró a algunos de sus caballos.</p>
<p>Poco tardaron en abalanzarse sobre el gigantesco cadáver y empezar a descuartizarlo. Cualquier cosa que perteneciera a las temidas bestias alcanzaba un alto valor en cualquier mercado. Las duras escamas fueron arrancadas, los colmillos y dientes extraídos, las alas recortadas. Pero hubo algo más de valor en lo que nadie reparó hasta que un pobre soldado exhausto lo descubrió. En su extenuación sólo pudo acceder a la sangre draconiana derramada por los cuchillos, hachas y espadas de sus compañeros, y para su sorpresa era muy dulce con algunos toques amargos. Cuando comunicó su hallazgo, en seguida todos se pusieron a drenar el preciado líquido y almacenarlo en barriles y cubos. Para su sorpresa, la sangre mantenía cierto poder mágico heredado de su anfitrión, y cualquier recipiente se llenaba hasta rebosar con tan sólo depositar una pequeña cantidad en su interior.</p>
<p>Al término de la jornada, sólo unos pocos huesos pelados quedaban del majestuoso dragón, y los guerreros victoriosos se reunieron alrededor de una hoguera para celebrar su triunfo. El dulce líquido rojo recolectado se deslizó por sus bocas como una cascada de placer para sus paladares. Sin embargo, la fiesta duró poco, ya que a las pocas horas todos comenzaron a sufrir fuertes dolores en el abdomen. Sus estómagos, hígados y otros órganos internos no aguantaron mucho más tiempo y uno a uno fueron cayendo. Algunos murieron saturados por el extremo dolor, a los más débiles la tripa les reventó como una sandía madura, mientras que los más fuertes aguantaron varias horas más sufriendo a la vez que su interior se disolvía poco a poco. Ninguno de los héroes quedó con vida para advertir a nadie.</p>
<p>Miles de años más tarde, en una taberna cualquiera, varios jóvenes se reúnen como cualquier otro día para pasar un rato agradable aderezado con una extraña bebida. Todos eran ajenos a que poco a poco la profecía del último dragón se iba haciendo realidad.</p>
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