Dios existe
Agosto 21st, 2008Y un día, sin más, apareció. Lo anunciaron un sábado a mediodía en las noticias, y la gente se fue sumando a verlo y arremoliando alrededor la televisión más cercana según transcurrían los minutos. El titular a pie de pantalla rezaba “Dios existe y es americano”. Un escalofrío me recorrió la espalda al leerlo, y se acentuó cuando le ví.
Medía algo más de dos metros y su cuerpo era escultural, pero lo que más, por no decir lo único, que llamaba la atención era su color: azul. No un azul marino o un azul celeste. Habría que invertar un nuevo término para definir esa tonalidad, pero creo que lo más aproximado sería denominarlo “azul fluorescente”. Estaba completamente desnudo y no tenía ni un sólo pelo en su cuerpo. Pero lo inquietante era su mirada, o falta de ella. Sus ojos eran absolutamente negros de extremo a extremo. Cuando la cámara le enfocó directamente, su mirada se clavó en los millones de telespectadores. Nadie decía nada. De repente, todos nos sentimos insignificantes en el universo y unos bebés ignorantes, como si todo lo que sabíamos y conocíamos hasta ahora no eran más que cuentos para no dormir.
Pero aquello sólo acaba de comenzar. Aquel “ser” estaba rodeado de militares y aquello era una presentación una sociedad. O al menos era lo que decían, porque aquello parecía una demostración de poder al mundo, de supremacía a sus enemigos. Y lo fue, contundentemente. Con un simple gesto detuvo decenas de balas que le habían disparado, pero no se detuvo ahí. Las armas que portaban los soldados levitaron y en el aire empezaron a desmontarse, pieza a pieza, hasta que se convirtió en un enjambre de moscas metálicas. Otro simple gesto, y el enjambre desapareció como si nunca hubiese existido. La demostración terminó con la fundición a temperatura ambiente de un tanque último modelo. Seguramente tambien habría podido reconstruirlo con la misma facilidad, pero estaba claro que no les interesaba dar ese tipo de imagen. Después vino la conferencia de prensa. Las imágenes ya estaban dando la vuelta al mundo. Era muy posible que por primera vez en la historia, no había ni una sola alma durmiendo en todo el planeta.
El discurso del alto mando militar fue aburrido, con más palabrería hueca que nunca y haciendo hincapié en el hito histórico que estábamos viviendo. Se le notaba feliz, siniestramente contento. Después varios cargos militares comenzaron a explicar. Según contaron, aquel ser era una persona como cualquier otra, pero con la extraordinaria habilidad de poder “ver” y “manipular” la materia. Era consciente de todas y cada una de las partículas del universo, y por ello capaz de predecir su estado en el próximo instante. Era como si todos podemos intuir que algo que cae seguirá en línea recta hasta el suelo, y él pudiera hacer lo mismo pero a nivel atómico y con todo lo que existía a la vez. No lo dijeron explícitamente, pero sabía que aquel hombre era capaz de predecir el futuro con pasmosa exactitud, e incluso estar presente físicamente en varios sitios a la vez. Al fin y al cabo podía reagrupar la materia a su antojo.
La charla terminó y la televisión siguió emitiendo su programación habitual, pero la gente no apartaba la vista de la pantalla. Yo tampoco. Mi mente se empeñaba en negar la existencia de lo que había visto, que todo no era más que un truco muy elaborado para la televisión. Pero de un modo u otro, incluso a varios miles de kilómetros de distancia de donde debía encontrarse, podía sentirle a mi lado, rodeándome.
Aquello tenía aspecto de haber sido un experimento fallido del ejército, o si acaso un éxito de pura casualidad. Sin embargo, lo que no dejaba de darme vueltas y que me quitó el sueño durante mucho tiempo, era su humanidad. Me imaginaba a una familia viendo la televisión un domingo por la tarde en su casa, y de un instante al siguiente, dejar de existir, volatilizados silenciosamente en sus propios sillones a voluntad de alguien que se encontraba en la otra punta del mundo. Nada se lo podría impedir a excepción de una motivación para hacerlo o no.
Si realmente existe un dios, estoy seguro de que sería como él. Pero no era una divinidad, era un simple humano con sus mismos poderes. Y los humanos, al contrario que un dios, se equivocan y pueden ser tentados.
Inspirado en el personaje del Dr. Manhattan de la novela gráfica Watchmen.
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