Archive for the 'Cuentacuentos' Category

Porno

Noviembre 12th, 2007

- ¿Qué haces?
- Ver porno, ¿y tú?
- Pensando en tí - dijo mientras le desenchufó el ordenador - Es la hora.
Gerard se volvió hacia ella con expresión iracunda.
- ¡Al menos podrías haberme avisado y dejado un poco más! - la gritó - No sé para qué me molesto - dijo con desprecio mientras se alejaba. Era el momento y por mucho que protestara sabía que no se podía retrasar ni un minuto.
Saliento al exterior de la casa donde les esperaban el resto del grupo.
- ¡Habéis tardado! - soltó secamente uno de ellos.
Nadie replicó. Subieron a la furgoneta con todos y partieron más rápido de lo habitual para compensar el tiempo perdido. Su destino era un solitario paraje en mitad del desierto, donde no hubiera rastro alguno de humanidad en el horizonte se mirara a donde se mirara.

Cuando llegaron, todos sabía lo que tenían que hacer sin mediar palabra. Bajaron los instrumentos y aparatos necesarios y en poco minutos todo estaba preparado. La gigantesca antena, que era lo más pesado de todo, estaba colocada en el centro conectada al resto de equipación y generadores de energía. Si alguien les viera iban a tener muchos problemas respondiendo preguntas.

Se dispusieron en círculo a su alrededor cogidos de las manos y con las túnicas blancas puestas. El silencio reinó durante unos minutos. Desde la lejanía sólo se podrían vislumbrar una decena de figuras inmóviles resplandecientes a la luz de la luna llena.
- Nada - dijo finalmente uno - Esta vez tampoco.
Varios suspiros asintieron la triste afirmación.
- Bueno, hagamos el informe como siempre - con un ademán mandó conectar la grabadora - Soy el capitán Koh’Otani y jefe de esta misión. Hoy hacen 326 keblars desde que fuimos enviados a este planeta en misión de reconocimiento, y desde entonces no hemos vuelto a recibir ningún otro tipo de comunicación. Nuestra integración entre la especie dominante ha sido un éxito y nuestra investigación progresa día a día. Kah’lel, ¿qué novedades traes?
- No os vais a creer lo que he encontrado en Internet - contestó Gerard con la fascinación aún en sus ojos.

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Prisionera

Septiembre 23rd, 2007

- Incluso el que menos te lo esperas podría ser el de verdad.

Meredith miraba a todos los clones de su pareja con la boca abierta. Todos eran absolutamente clavados entre ellos e imposible diferenciarlos a simple vista. Miraba a cada uno como si tuvieran un monstruo tatuado en la cara, y ellos la devolvían la mirada sorprendidos por su reacción.

- ¿Qué te ocurre, Meredith? - dijo uno.
- Soy yo, cariño. ¿Te pasa algo? - dijo otro.
- ¿Por qué me miras así? - preguntó un tercero.

Buscó marcas y cicatrices que sabía que tenían que existir por el cuerpo de varios de ellos, y todos tenían copiado al milímetro cada pequeña imperfección y cada pequeña singularidad.
Estaba empezando a ponerse nerviosa. Miraba a cada uno cada vez más fugazmente sin ni siquiera tiempo para posar sus ojos.

- A ver, tú - dijo dirigéndose a uno - ¿Qué fue lo que comimos cuando nos conocimos?
- Arroz con tomate en la posada del tío Tom, ¿no te acuerdas? - contestó.
- Y tú - apuntó a otro - ¿Qué fue lo que te dije el día que nos quedamos encerrados en el granero?
- Que era la primera persona con la que tuviste sexo. Soy yo, ¿no me reconoces?

Cayó de rodillas frente a todos los clones, entre los cuales se encontraba el original, el que había amado, con el que había escapado de las fuerzas imperiales y huído hacia los planetas coloniales. Rompió a llorar entre sollozos.

- Como puedes ver, son copias exactas con los mismos recuerdos. - dijo el emperador - Y cada vez que desobedezcas una orden o intentes escapar, eliminaremos a uno de ellos sin saber si se trata de una copia o el original. Meredith, ahora eres prisionera de la eternidad.

Inspirado en un fragmento de cómic de una revista que cayó en mis manos hace muchos años.

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Fama

Septiembre 19th, 2007

- Quiero que mi vida sea de ésas que se inmortalizan en un libro, y puede que también en una película.
- Pues casi lo consigues, porque aquí van a terminar tus crímenes.

El inspector sacó su arma y le apuntó directamente a la cabeza. El asesino, aún con las manos y la cara ensangrentadas, le desafiaba con una sádica risa. El primer disparo le pasó muy cerca pero él ni se inmutó, reía y reía cada vez con más fuerza.

- ¿De qué te ries? - le gritó mientras estaba a punto de disparar por segunda vez.
- De mi éxito. Mi muerte me dará la fama que estoy buscando, y tú quedarás como el cruel y despiadado policía que sesgó la vida de alguien. - su mirada se ensombreció - No hay cabida para alguien así en el lado de los buenos.

No sabía por qué, pero aquellas palabras se clavaron muy hondo. Tantos años de experiencia con psicópatas y asesinos en serie no le habían cambiado, y aquellas palabras lo iban a hacer para siempre. Algo en su interior le susurraba que tenía razón.
El pulso le temblaba cada vez más, así que aunque se decidiera a disparar probablemente erraría el objetivo. Hiciera lo que hiciera estaba condenado.
- Tienes razón - dijo el inspector mirando al suelo y con el pelo cubriéndole los ojos por completo.

La desafiante mirada del asesino dió paso a una sonrisa triunfal. Sin pronunciar nada más, dió media vuelta y se empezó a alejar de su perseguidor caminando tranquilamente.

- ¡Alto! - el asesino se detuvo en seco pero no le devolvió la mirada. - Quiero ir contigo, quiero unirme a tí.
- Yo actúo solo - contestó sin inmutarse por la insólita propuesta.
- Yo también - respondió el inspector. Y en un instante levantó su arma y disparó contra él alcanzándole en plena espalda. El proyectil atravesó el cuerpo de su víctima sin dificultad y le destrozó el pecho en su salida. Su verdugo se acercó a él y dió la vuelta al cuerpo. Aún seguía con vida pero la respiración tremendamente dificultosa indicaba que le quedaban pocos segundos de vida. Podía intuírse el latido de su corazón a través del enorme agujero.

- Me has abierto los ojos. No puedo permitir que te salgas con la tuya, así que actuaré igual que tú. Descuartizaré tu cuerpo y haré desaparecer tus restos. Será como si un día decidiste dejar de actuar y tu expediente quedará sin resolver para siempre. Tus logros sólo aparecerán como mera anéctoda en la academia de policía. - se tomó una pausa para expulsar una cálida bocanada en la gélida noche - Has perdido.

Los ojos del asesino no se despegaban de sus palabras y con su expresión daba a entender que había reconocido su derrota. Jamás imaginó encontrarse con tan digno rival. Morir a manos de aquel mítico inspector de policía era su premio de consolación. Finalmente no tendría su libro ni su película, pero será el más feliz del infierno.

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Maldita sea

Agosto 23rd, 2007

El hombre de negro huía a través del desierto y el pistolero iba en pos de él. Ambos azuzaban todo lo que podían a sus caballos, pero parecía que pronto la cacería llegaría a su fin. De un golpe lo descabalgó y una vez en el suelo le desarmó.
- ¿Para quién trabajas? - gritaba el pistolero - ¡Responde! - Estaba a punto de propinarle un buen puñetazo.
- ¡Para! ¡Está bien! ¡Hablaré! Aunque no te gustará lo que vas a oir, porque si huía era por una buena razón - la voz del hombre del negro se oscureció - Soy el guardián de un horrible secreto que atañe a tu familia. Mary me lo contó en su lecho de muerte.
- ¿Mi madre? - los ojos del pistolero se abrieron como platos.
- Sí, has de saber que ella…

De repente, todo se quedó a oscuras. Noj se quedó perplejo aún mirando la pantalla oscura de la televisión, esperando que si forzaba la vista podría continuar viendo la película.
- ¡Maldita sea! - murmuró al aire.
Se levantó a tientas en la oscuridad y como pudo alcanzó su teléfono móvil. Usando la tenue luz de la ventana y guiándose por su conocimiento de la posición de los muebles alcanzó la linterna que guardaba en el armario de las herramientas. Con una fuente luminosa más decente se acercó al cuadro de fusibles de la casa para comprobar que todo estaba correctamente. No había ningún síntoma de que algo estuviera mal así que pensó que sería algo más generalizado. Se acercó a la ventana del patio, subió la persiana y se asomó. Todo estaba completamente oscuras.

- Se ha ido la luz en todo el barrio - dijo una voz femenina. Noj buscó su fuente y pudo intuir una silueta que sobresalía por una ventana unos metros a su derecha. Por el sonido calculaba que debía encontrarse dos o tres viviendas más allá de su posición.
- Vaya, ya no podré ver el final de la película - contestó Noj con cierto aire de indignación forzada.
- ¿Qué estabas viendo? - la voz de la muchacha parecía calmada y dulce.
- Una de vaqueros. De esas del oeste antiguas. Estaba justo en lo más interesante.
- Lo siento, si puedo hacer algo por tí, no dudes en pedírmelo.
- Gracias, pero a menos que puedas contarme lo que me estoy perdiendo de la película, no lo creo. - Noj se enfadó consigo mismo por tener una conversación tan estúpida y trivial, y dado que el apagón parecía que iba a durar, decidió darle una vuelta. - ¿Y tú qué estabas haciendo?
- Yo ya estaba asomada a la ventana cuando todo se oscureció - soltó un suspiro casi inaudible - Realmente estaba aburrida sin nada que hacer.

Tras sus palabras hubo unos segundos de silencio. Noj estaba pensando si con lo que le había dicho había doble intención y le estaba proponiendo algo. A veces veía cosas donde no las había y eso le había costado más de una frustración después de hacerse ilusiones.
- ¿Cómo te llamas? No me suena de haberte visto por el edificio - intentó hacerse el interesante
- Zadra, ¿y tú? Es normal que no me conozcas, me he mudado hace unos días y aún no conozco a nadie.
- Yo me llamo Noj - tragó saliva - Ahora ya conoces a alguien - Si no estuviera todo oscuro, Zadra podría haber visto la sonrisa más estúpida que se pudiera imaginar.

Evaluó la situación. Una chica que por la voz parecía joven. Nueva en el barrio y aparentemente sola. Aburrida y sin nada que hacer. Un apagón como excusa perfecta. Habría que ser demasiado estúpido o demasiado paranoico para no aprovechar las circunstancias. Reunió todo el valor que pudo y se lanzó.
- Si te parece una buena idea, podrías…

Pero no pudo terminar la frase, porque una luz cegadora le dejó paralizado. La electricidad había vuelto, pero por desgracia le había dejado temporalmente cegado. Se tapó los ojos con una mano para intentar paliar sus efectos.
- ¿Qué decías? - preguntó Zadra.
No tenía suficiente valor para una segunda vez.
- Decía que si te parece bien… podrías matar el tiempo con un puzzle - si pudiera se daría una paliza por soltar semenjante tontería.
- - la voz de Zadra sonaba claramente decepcionada - parece entretenido.

Noj se retiró de la ventana y bajó la persiana. Ni siquiera había tenido la oportunidad de verla la cara debido a la ceguera y no hacía otra cosa que maldecirse a sí mismo por la estupidez de su comportamiento. Se sentó en el sofá de nuevo y encendió la tele. Los créditos de la película rodaban por encima de una escena en la que tanto el pistolero como el hombre de negro yacían en el suelo muertos.
- ¡Maldita sea!

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