Archive for the 'Cuentacuentos' Category

La lista

Mayo 6th, 2009

No se como llegó, pero tu nombre estaba ahí. Releí la lista una y otra vez asegurándome de que la vista no me había engañado mezclando nombres y apellidos de varias líneas, pero no estaba equivocado. ¿Cómo habías llegado hasta ahí? Afortunadamente aún se trataba de un borrador y podía haber cambios según las investigaciones realizadas. Tenía que hablar contigo como fuese y cuanto antes. Suponiendo que ya tendrían tu teléfono móvil pinchado y habría alguien dedicado en exclusiva a seguirte, sólo se me ocurrió concretar contigo una cita en un lugar seguro llamándote desde una cabina pública.

- Sigues siendo igual de puntual que siempre, Lisa – saludé con un profundo abrazo.
- Y tú igual de inquietante. Ya estás tardando en contarme qué ocurre. ¿Por qué todo este misterio?
- Está bien, sin rodeos – tragué la saliva más espesa que mi boca había fabricado jamás -. Lis, ¿eres una mutante? – pregunté sin tapujos. Pero el prolongado silencio que obtuve me indicó que la respuesta era mucho más complicada que un simple monosílabo.
- Depende - contestaste al fin -. ¿Por qué lo preguntas? – Tu desconfianza siempre te ha permitido sobrevivir, y conmigo no iba a ser menor.
- Hace unos meses me trasladaron a un nuevo departamento dentro de la secretaría de Estado, pero su creación la mantuvieron en secreto. No aparecía en ningún documento oficial y se financia desviando pequeñas cantidades del resto de organismos oficiales.
- ¿A qué se dedica ese departamento? ¿Y qué tiene que ver conmigo? – pareciste impacientarte.
- En una sola palabra: mutantes – respondí lentamente dando el peso que se merece cada sílaba.
- Ya, ¿y? – no pareciste conforme.
- Lis, la gente tiene miedo de las cosas nuevas, de lo que no puede entender, y si puede suponer una amenaza ya ni te cuento. Por eso la primera fase del proyecto es identificarlos a todos.
- En una lista, ¿no? ¿Y dices que viste mi nombre en ella?
- Sí. No te voy a engañar, pero aparecer en esa lista no es bueno – contesté apesadumbrado. Los rumores que había oído variaban mucho según la persona que los contaba, pero todos tenían el mismo denominador común.
- Comprendo - los silencios más largos e incómodos de mi vida siempre han sido contigo -. ¿Hay algo más que venga en esa lista?
- ¿Te refieres a alguna descripción o información? No, nada. Sólo nombres, direcciones y teléfonos.
- Entonces no saben nada – contestaste aliviada. No es que hubieras perdido la calma en ningún momento, pero al menos ya no fruncías el ceño como antes.
- Lis, dime la verdad – supliqué mirándote a los ojos, esos ojos de distinto color que siempre me habían fascinado. El verde me infundía valor, y el azul serenidad.

No contestaste. Te limitaste a poner un dedo sobre mis labios en señal de silencio. En realidad me daba igual la respuesta. Sabías perfectamente que haría cualquier cosa por tí. Lo hice cuando me pediste que nos separásemos y lo volvería a hacer ahora. Siempre he confiado en tí. Cerraste los ojos en concentración y comenzaste a tararear una canción, nuestra canción. Algo cambió, no sé el qué, pero sabía que algo cambió y fue cosa tuya. Pero no lo supe hasta que volví a la oficina y descubrí que tu nombre había desaparecido de cualquier lista y archivo informático.

Siempre fuiste especial.

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Inspiración

Abril 29th, 2009

Las palabras llegaron, como si tal cosa, cuando dejó de buscarlas. Se había pasado casi toda la noche en vela esperando a la inspiración, y justo cuando se rindió ante el cansancio físico y se disponía a meterse en la cama, su musa le sacó de ella de un salto.
Unos rayos de luz que se colaban a través de las rendijas de la persiana le indicaban que ya estaba amaneciendo, y su visión borrosa le recordaba que aún no se había acostado. Pero le daba igual. Las ideas se cruzaban por su mente más rápido de lo que sus manos eran capaces de escribir. Temía dejarse algo en el tintero. En apenas unos minutos, la tormenta creativa había descargado sobre el papel decenas y decenas de pinceladas. Ahora sólo quedaba que el artista compusiese un cuadro utilizándolas.

El estridente sonido del teléfono le despertó. ¿Se había dormido? No recordaba haberse metido en la cama.
- ¿Q-Quién? – preguntó sin ocultar su voz somnolienta.
- Escúchame con atención porque no voy a repetirlo – dijo una monótona y neutral voz desde el otro lado. Difícil de saber si era un hombre o una mujer y mucho menos su edad.
- ¿Cómo? ¿Quién es? – volvió a preguntar más extrañado todavía.
- Estás en grave peligro. Antes de cinco minutos y medio deberás haber abandonado tu apartamento si aprecias en algo tu vida.
- ¿Pero qué… – Clic. La llamada se cortó bruscamente.

¿Qué había sido eso? ¿Quién le podía gastar una broma así? ¿Él, un simple y mediocre escritor, estaba en peligro de la noche a la mañana? Nada tenía sentido para él. Sin embargo, desde su subconsciente deseaba que fuera verdad, que aquello fuera en serio, que se viera envuelto en una trama digna de su mejor libro. Se convenció a sí mismo de que tenía que salir a la calle rápidamente a comprar pan, así que después de lavarse la cara y vestirse lo primero que encontró, salía por la puerta de su edificio en poco más de cinco minutos desde la llamada.
Miró su reloj aliviado y después a ambos lados de la calle. Esperaba que ocurriera algo cuando se cumpliera el plazo, así que se alejó despacio hasta el parque que había enfrente desde donde podía ver la manzana entera en la que vivía. Se sentó en un banco y esperó.
No ocurrió nada en cinco minutos, ni tampoco en media hora. De hecho estuvo allí sentado varias horas hasta que su casi infinita paciencia fue derrotada por su razón: le habían tomado el pelo. Aunque no se sentía mal por ello, ya que por un rato pudo saborear levemente la sed de aventura, la adrenalina de la expectación. Aquello no sirvió para nada más que confirmar sus sospechas de que su vida era una mierda: monótona, simple, solitaria. ¿Cómo iba a escribir algo decente si no tenía experiencias en las que basarse? Se planteó firmemente que al día siguiente iba a apuntarse a alguna excusión o agencia de viajes para conocer nuevos sitios más allá de las tiendas del barrio que conocía desde pequeño.

Iba a levantarse del banco cuando dos hombres rubios con jersey gris, abrigo negro y gafas de sol le volvieron a sentar de un golpe. Cada uno se sentó a un lado y miraban de un lado a otro los árboles, sin saber si estaban buscando algo o intentando parecer despistados.
- Veo que nos ha hecho caso… – empezó uno.
- … y realmente aprecia su vida – concluyó el otro.
- ¿Quiénes sois vosotros? ¿Habéis sido los de la llamada de esta mañana? – preguntó nervioso intercambiando miradas ansiosas de uno a otro.
- Nuestra identidad no es importante…
- … pero sí nuestro motivo. – se volvieron a completar la frase. Parecían gemelos de pensamiento.
- ¿Motivo?
- Sí, hemos venido a prevenirte.
- Estás siendo espiado y controlado – añadió el otro.
- ¿Yo? ¿Y qué he hecho yo para que alguien tenga interés en mí?
- Eso es información confidencial…
- … que no te puede ser revelada.
- Pues vaya. Si os digo la verdad, todo esto me parece una patochada, una broma de mal gusto. Así que si me disculpan – hizo ademán de levantarse -, yo me voy yend… -. Pero no pudo ni terminar la frase. De nuevo le detuvieron sujetándole los brazos. No había que fijarse mucho para ver que eran asiduos de gimnasio.
- No podemos permitirlo.
- Sería un riesgo que se moviera libremente.
- ¿Riesgo? ¡¿Pero de qué demonios estáis hablando?! Mirad, yo no sé quién os creéis que soy yo, pero estoy convencido de que os habéis equivocado de persona. Sólo soy un simple escritor que no ha conseguido publicar una obra completa en su vida – estalló sumido entre indignación y rabia. Ya no quería pensar que aquello fuera en serio. Sentía un poco de miedo y quería volver a la seguridad de su casa.
- Muy bien – dijo uno -. No nos deja otro remedio.
- Le acompañaremos a su domicilio para que… -. Dos rápidos zumbidos terminados por un golpe seco silenciaron el resto de palabras. Los dos hombres se inclinaron hacia él y cayeron a plomo. No pudo verlos, pero estaba seguro que sus ojos detrás de las gafas de sol eran de sorpresa y pánico. Se levantó sobresaltado provocando que los cuerpos inertes reposaran sobre el banco completamente.

Ahora tenía miedo, mucho miedo. ¿Estaban muertos de verdad? ¿La cosa iba en serio? Si habían sido francotiradores, también él estaba a tiro, y sin embargo sigue con vida. Maldijo y bendijo alternativamente su suerte varias veces. Puede que ya fuera tarde, puede que ya esté vigilado y desde hace tiempo, pero tenía que intentarlo y salir de allí corriendo. Aprovechando ahora que nadie parecía haberle visto en el parque.
Pensó en ir a la estación de autobuses y coger el primero que saliese lo más lejos posible sin importarle hacia dónde, o mejor en la estación de tren. Pensó en aislarse del mundo en una cabaña en el bosque donde pudiera seguir escribiendo y a salvo de todo el mudo. Al fin y al cabo, hacía mucho que ya se sentía en una burbuja. Pero cuando echó mano de la cartera para comprobar el dinero con el que contaba, se dio cuenta de que no la llevaba encima. Con las prisas al salir por la mañana se había dejado todo el dinero y documentación en casa.

Se armó de valor. Se convenció a sí mismo de que aún tenía tiempo y que nadie le estaría esperando en su piso con intención de matarle o secuestrarle. Abrió la puerta despacio como si fuera la de un castillo medieval, para evitar que pudiese hacer el más mínimo ruido. Oteó el pasillo y las habitaciones que podía ver desde el umbral de la puerta, y con una exhalación corrió hacia su dormitorio. Quería salir de allí cuanto antes, y dándose toda la prisa que podía, rebuscó nerviosamente revolviendo todos los papeles y ropa esparciéndolos por toda la habitación. Cuando por fin encontró la cartera, la alzó hacia arriba en símbolo de victoria, pero antes de que pudiera darse la vuelta para salir de allí a toda velocidad, otro golpe seco ennegreció su vista y su consciencia.

Lo primero que pensó cuando recobró sus sentidos, fue que estaba muerto. Supuso que había recibido otra bala como a aquellos dos tipos y había pasado a mejor vida. Un intenso dolor en la nuca le sugirió que pensara en otra posibilidad. Estaba sentado en su escritorio, y por el entumecimiento de su cara parecía que llevaba varias horas con la cabeza apoyada sobre la mesa. ¿Qué había ocurrido? Un asaltante furtivo sin duda pero, ¿qué pasó después? Se disponía a levantarse de la mesa cuando una extraña sensación de déjà vu le recomendó cautela. Tenía la sensación de haber vivido antes esa situación. Echó una ojeada a los papeles encima de la mesa y se quedó paralizado al leerlos. Frases y párrafos sueltos que a grandes rasgos hablaban de llamadas de teléfono, dos fornidos gemelos, disparos… ¿Lo habría soñado todo? ¿Era todo fruto de su propia imaginación? Se levantó rápidamente a la cocina y desde la ventana buscó el banco del parque donde se supone que había estado retenido y hablando con aquellos dos, pero allí no había nadie ni mucho menos rastro de que hubiese sido un escenario de asesinato.

Cerró los ojos, suspiró profundamente y se preguntó si no se estaba volviendo loco. Decidió que lo mejor para despejarse era una buena copa de licor, así que fue a la alacena de la cocina a por la botella. Sin embargo, al pasar por delante del frigorífico vio un post-it que no recordaba. Decía simplemente “Ten cuidado” con una escritura que no reconoció como propia. Un sudor frío le recorrió la espalda de punta a punta, y como si hubiese sido activado por un resorte fantasmal, se abalanzó sobre todas las hojas escritas que tenía sobre la mesa de su habitación. Aquellas pinceladas que había dado tras una noche en vela estaban componiendo un cuadro que no le gustaba nada.

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Generaciones

Febrero 27th, 2009

20 de enero
¡Por fin alguien se ha interesado por mi proyecto! Sabía que mi área de investigación podría llamar la atención de empresas importantes o incluso el gobierno de algún país, pero que haya sido el ejército estadounidense ha superado todas mis expectativas. Por todos es conocida la prácticamente ilimitada financiación de la que disponen, medios y materiales a discreción y todo el personal que necesite. Estoy seguro de que gracias a ellos el proyecto “Hijo de Adán” tendrá resultados asombrosos.

22 de enero
Ya me he instalado. Me han adjudicado una planta entera en una planta sótano de una base militar en las montañas. Y ya me han presentado al equipo que trabajará conmigo: una mujer estadounidense, uno de Canadá y dos estudiantes asiáticos, creo que de China o Hong Kong. Me han asegurado que son de los mejores en sus campos y que están para todo lo que necesite. Cada vez esto se parece más a una típica película de cine.

30 de enero
Los resultados teóricos son muy favorables. Hemos comprobado mediante diferentes reacciones químicas que es posible recomponer el genoma de un ser vivo a partir de las combinaciones de todos sus descendientes. Gracias a las investigaciones previas de la doctora Kudrow, vamos por delante incluso de la planificación estimada. Sin embargo, hoy ha ocurrido algo que no me ha gustado nada. Uno de los responsables militares del proyecto me ha preguntado cuando podría ver resultados prácticos y cuando me he reído explicando que aún estamos a años luz de conseguir una mera prueba de concepto, su gesto se tornó frío, una mezcla entre decepcionado y enfadado. Espero no tener que tratar mucho con él.

12 de marzo
Finalmente me han convencido para empezar el experimento práctico con especies vegetales. Espero que si conseguimos un resultado favorable, dejarán de presionarme tanto y nos darán más tiempo para seguir investigando. Estamos encontrando algunas dificultades a la hora de etiquetar los genes, aunque creo que el doctor Jin You-Sang tiene algunas teorías al respecto que podrían funcionar. El militar que me pregunta constantemente sobre cualquier movimiento que hago, el general Kawalski, me da muy mala espina, aunque no sé muy bien por qué.

19 de junio
Tengo un sabor agridulce. El experimento con los tulipanes no ha ido del todo bien, aunque ya estábamos muy cerca de conseguir el tulipán primigenio, el mítico tulipán negro, nos han ordenado que detengamos todo y destruyamos todas las plantas. Por contra, hemos detectado y arreglado varios aspectos de las sustancias y fórmulas que estábamos usando para realizar la selección y marcado genético. No quiero que me presionen más todavía, pero creo que estamos muy cerca de poder empezar las pruebas con animales, como pequeños roedores, cuya gestación sea muy pequeña, ya que necesitamos muchas generaciones para encontrar el cruce idóneo.

21 de junio
No quiero pensar mal de mis compañeros, pero creo que alguien me está espiando este diario. Esta mañana han venido un par de hombres vestidos de negro y gafas de sol a interrogarme y freírme a preguntas sobre la evolución del proyecto y la posibilidad de empezar a probarlo con animales o humanos. ¡Humanos! Ni siquiera me había planteado esa posibilidad. No quiero pensar las posible implicaciones morales o éticas derivadas de algo así, aparte de que sería completamente inviable esperar al nacimiento de varias generaciones de niños y madurez hasta que alcancen la edad de procreación. Esta noche tendré pesadillas.

29 de junio
Hoy hemos empezado el experimento con cobayas. Aunque su ciclo de reproducción es muy corto, nos han asignado un par de científicos de otro proyecto responsables de un acelerador del metabolismo para agilizar el proceso. ¡Nunca había visto nada igual! La pobre cobaya nace, crece, se reproduce y muere en apenas 6 horas. No creo que ese proyecto cumpla con las leyes en contra del maltrato animal.

2 de julio
Ese nuevo acelerador del metabolismo es impresionante. En apenas un par de días, hemos conseguido más de una docena de generaciones de cobayas. Sin embargo, el resultado no ha sido el esperado. Si las teorías y los experimentos con plantas sugerían que íbamos a conseguir el código genético original, es decir, el origen de la especie, lo que nos hemos encontrado es con algo completamente distinto. Las dos últimas generaciones mostraban una cobaya más estilizada, más fuerte, más rápida, más ágil y sobretodo, más inteligente. Se podría decir que hemos conseguido una súper-cobaya, el siguiente paso en una posible evolución como especie dominante. Hoy vamos todos al exterior a celebrarlo.

3 de julio
Me han confirmado que mañana empezamos las pruebas en seres humanos. ¡Están locos! ¡Que haya funcionado en un maldito roedor no significa que tenga éxito sobre cualquier otra especie! Iba a presentar mi dimisión inmediata, pero parece que los militares están muy contentos con mis resultados superando todas las expectativas. Me han prometido control total sobre el proceso, todo el dinero que quiera para la investigación y mis necesidades personales, e incluso un porcentaje de beneficios de las posibles aplicaciones comerciales. No había que ser muy listo que el ejército no te ayuda a cambio de nada, y desde un principio buscaban ésto. Ya están viendo sus súper-hombres conquistando en el nombre del progreso y la libertad. Todos tenemos un precio.

4 de julio
Tenía que haberlo supuesto: van a utilizar el acelerador del metabolismo en los seres humanos. Calculo que si para una cobaya su vida se reducía a unas tristes 6 horas, una persona podrá aguantar 3 o 4 días desde que nazca hasta que muera por envejecimiento. La simple idea me produce escalofríos por todo el cuerpo. Van a contar con úteros de alquiler para albergar todo el proceso de gestación, y ya están seleccionando a voluntarios de todas las razas del mundo para disponer de su base genética: caucásicos, mediterráneos, árabes, sudamericanos, africanos, asiáticos… Quieren lo mejor de cada uno y lo peor de ninguno.

6 de julio
No puedo. No puedo. No puedo. Tenía que haberlo supuesto. Una de las madres de alquiler fue afectada por el acelerador y se convirtió en polvo mientras sostenía su mano. Me han asegurado que sólo escogieron vagabundas para que nadie las echara de menos. Ni siquiera sabía su nombre.

7 de julio
Chow Yi, el otro doctor asiático, se ha suicidado.

13 de julio
Tan sólo van tres generaciones y los resultados son increíbles. A cada generación estamos introduciendo una nueva raza marcando las propiedades que creemos mejor de cada una y, aunque no hemos hecho pruebas, estoy seguro de que cualquiera de estos individuos híbrido es más fuerte que cualquiera en todo el mundo, y lo que más me preocupa es que también serán más inteligentes. Si tan sólo tuvieran una oportunidad antes de morir en unas horas…

30 de julio
Hay algo que no va bien. Los especimenes cada vez viven más días a pesar de que hemos aumentado la dosis del acelerador. ¿Estarán desarrollando una inmunidad?

15 de agosto

¡La inmortalidad! ¡El santo Grial de la condición humana! No envejecen nunca y se regeneran casi instantáneamente. Estoy casi seguro de que serían capaces de recuperarse de un impacto de bala o incluso de una amputación. Desde aquí puedo oír entrechocar copas de champán con los galones.

23 de septiembre
Están todos muertos. Se han rebelado y son indestructibles. Nos hemos condenado a nosotros mismos. Ignoro la razón por la que me mantienen con vida ¿A quién pedimos misericordia cuando nosotros mismos hemos sido los dioses?

25 de diciembre
Ahora lo entiendo todo. No estábamos creando el siguiente paso en nuestra escala evolutiva, sino que tal y como pensábamos en un principio, era el ser humano primigenio. EL ser humano todopoderoso con mayúsculas. Hoy ha nacido la cuadragésima generación. Hoy ha nacido el nuevo dios del hombre.

Relato finalista en el concurso “Fantasía y ciencia ficción 2009
organizado por la comunidad “El Cuentacuentos“.

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Porno

Noviembre 12th, 2007

- ¿Qué haces?
- Ver porno, ¿y tú?
- Pensando en tí – dijo mientras le desenchufó el ordenador – Es la hora.
Gerard se volvió hacia ella con expresión iracunda.
- ¡Al menos podrías haberme avisado y dejado un poco más! – la gritó – No sé para qué me molesto – dijo con desprecio mientras se alejaba. Era el momento y por mucho que protestara sabía que no se podía retrasar ni un minuto.
Saliento al exterior de la casa donde les esperaban el resto del grupo.
- ¡Habéis tardado! – soltó secamente uno de ellos.
Nadie replicó. Subieron a la furgoneta con todos y partieron más rápido de lo habitual para compensar el tiempo perdido. Su destino era un solitario paraje en mitad del desierto, donde no hubiera rastro alguno de humanidad en el horizonte se mirara a donde se mirara.

Cuando llegaron, todos sabía lo que tenían que hacer sin mediar palabra. Bajaron los instrumentos y aparatos necesarios y en poco minutos todo estaba preparado. La gigantesca antena, que era lo más pesado de todo, estaba colocada en el centro conectada al resto de equipación y generadores de energía. Si alguien les viera iban a tener muchos problemas respondiendo preguntas.

Se dispusieron en círculo a su alrededor cogidos de las manos y con las túnicas blancas puestas. El silencio reinó durante unos minutos. Desde la lejanía sólo se podrían vislumbrar una decena de figuras inmóviles resplandecientes a la luz de la luna llena.
- Nada – dijo finalmente uno – Esta vez tampoco.
Varios suspiros asintieron la triste afirmación.
- Bueno, hagamos el informe como siempre – con un ademán mandó conectar la grabadora – Soy el capitán Koh’Otani y jefe de esta misión. Hoy hacen 326 keblars desde que fuimos enviados a este planeta en misión de reconocimiento, y desde entonces no hemos vuelto a recibir ningún otro tipo de comunicación. Nuestra integración entre la especie dominante ha sido un éxito y nuestra investigación progresa día a día. Kah’lel, ¿qué novedades traes?
- No os vais a creer lo que he encontrado en Internet – contestó Gerard con la fascinación aún en sus ojos.

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Prisionera

Septiembre 23rd, 2007

- Incluso el que menos te lo esperas podría ser el de verdad.

Meredith miraba a todos los clones de su pareja con la boca abierta. Todos eran absolutamente clavados entre ellos e imposible diferenciarlos a simple vista. Miraba a cada uno como si tuvieran un monstruo tatuado en la cara, y ellos la devolvían la mirada sorprendidos por su reacción.

- ¿Qué te ocurre, Meredith? – dijo uno.
- Soy yo, cariño. ¿Te pasa algo? – dijo otro.
- ¿Por qué me miras así? – preguntó un tercero.

Buscó marcas y cicatrices que sabía que tenían que existir por el cuerpo de varios de ellos, y todos tenían copiado al milímetro cada pequeña imperfección y cada pequeña singularidad.
Estaba empezando a ponerse nerviosa. Miraba a cada uno cada vez más fugazmente sin ni siquiera tiempo para posar sus ojos.

- A ver, tú – dijo dirigéndose a uno – ¿Qué fue lo que comimos cuando nos conocimos?
- Arroz con tomate en la posada del tío Tom, ¿no te acuerdas? – contestó.
- Y tú – apuntó a otro – ¿Qué fue lo que te dije el día que nos quedamos encerrados en el granero?
- Que era la primera persona con la que tuviste sexo. Soy yo, ¿no me reconoces?

Cayó de rodillas frente a todos los clones, entre los cuales se encontraba el original, el que había amado, con el que había escapado de las fuerzas imperiales y huído hacia los planetas coloniales. Rompió a llorar entre sollozos.

- Como puedes ver, son copias exactas con los mismos recuerdos. – dijo el emperador – Y cada vez que desobedezcas una orden o intentes escapar, eliminaremos a uno de ellos sin saber si se trata de una copia o el original. Meredith, ahora eres prisionera de la eternidad.

Inspirado en un fragmento de cómic de una revista que cayó en mis manos hace muchos años.

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