Fallo
Julio 21st, 2010El almacén era pequeño, apenas una docena de cajas apiladas al fondo en la parte más oscura, y algunas sueltas sobre el suelo, en la parte que bañaba la luz rojiza del atardecer. Sobre una de ellas y mirando a través de la rendijas de la ventana que rayaban todo lo que tocaban, estaba sentada. Sus pies casi no llegaban al suelo aunque su alma se encontraba más abajo aún.
- ¿Qué se siente al morir? – preguntó Ray tras unos segundos observándola.
- Frío – respondió soltando vaho de la boca, que contrastaba con el calor que hacía allí dentro.
La atmósfera era tensa, pero ella sólo tenía ojos para la cálida luz que lo inundaba todo. Unos preciosos ojos azules que gritaban haber visto cosas que no hubiesen querido, que ahora estaban llorando una escarcha imperceptible.
- ¿Cuántas veces van? – preguntó Ray por pura curiosidad. Realmente no le importaba ni lo más mínimo.
Cerró los ojos con fuerza unos segundos, intentando hacer memoria.
- He perdido la cuenta – desistió, volviendo a responder con un gélido vaho que procedía desde lo más profundo.
Con un convulso gesto de su brazo derecho, una pequeña espada cayó de entre la manga de su gabardina raída y sucia. La agarró ágilmente del mango antes de que la punta tocara el suelo. Con la otra mano se ajustó su sombrero para que la luz no le cegara.
- No tienes por qué hacerlo – susurró sin dirigirle la mirada.
- Sabes que si no lo hago yo, otros vendrán detrás de mí.
Eternos instantes separaban el destino de ambos. Ray no podía esperar más. Tenía que responder ante alguien cuya paciencia no era una virtud. Saltó hacía ella rápidamente. El primer golpe la elevó en el aire. Un par de ágiles movimientos y al suelo cayó más de un trozo inerte. La espada ni siquiera estaba manchada.
—
- ¡Tío, mira! No se ha resistido – dijo Ray señalando la pantalla.
- ¡Qué raro! Me habré pasado el juego cientos de veces y ésa era una de los jefes finales más chungos – respondió con cara extrañada su amigo que le había prestado el juego.
- Pues no se ha resistido. La he matado sin más.
- Será un fallo del juego entonces. Pero no te confíes. Continúa, que ahora vienen otros más difíciles aún.
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