Caos
Octubre 9th, 2008El vagón estaba completo. En hora punta, el metro se colapsa de gente en dirección a sus destinos rutinarios. Un rápido vistazo servía para unirse a la masa de rostros anónimos, cabizbajos. Algunos leían el periódico, otros un libro, pero la mayoría tenía la mirada perdida, hacia un infinito que terminaba en los cristales para ver el nombre de la estación.
Miré el reloj. Eran las seis y media de la tarde. Seguía mirando las caras de las gente hasta que les encontré. Él tenía la tez pálida, cadavérica, con varias venas de azul intenso que le recorrían los marcados pómulos como una enredadera sobre la pared. El pelo era rojo oscuro, una mezcla de fuego y humo que se arremolinaba sobre su cabeza. Y sus ojos, dos agujeros negros que absorbían y privaban de vida allí donde se posaban, no se apartaban de su pequeño y ridículo paragüas infantil que llevaba entre sus manos.
Ella era, por el contrario, una gótica en todo el sentido de la palabra. Vestido negro y largo con dibujos de telarañas en las mangas transparentes, y una cinta lila por el pecho a modo de corsé que terminaba colgando como el cinturón de un monje.
El plan debía salir a la perfección. Me quité la mochila y la dejé sobre el suelo entre mis pies. Me puse la gabardina y volví a mirar el reloj. Pasaban exactamente quince segundos y dos minutos de las seis y media. Las puertas del vagón se abrieron y simulando un ataque de prisa repentina, salí corriendo dejando atrás la mochila en una esquina. No sería la primera vez que alguien me llama la atención y me la devuelve. Subí las escaleras lo más rápido que pude mientras oía el pitido del cierre de puertas. Una vez que el tren desapareció por el tunel aminoré la marcha. Sólo quedaba esperar.
Al ser un espacio tan reducido, la explosión quedó ahogada en los túneles. La estación entera retumbó y hubo gente por los pasillos que perdió el equilibrio. No debían quedar supervivientes.
Ojalá pudiera explicarles por qué lo he hecho. Ojalá pudiera convencerles de que mis actos están salvando el mundo de un cercano futuro apocalíptico. La teoría del caos es precisa y las acciones que iban a desencadenar aquellos individuos eran clave para un mañana que jamás llegará. ¿Y si yo soy el verdadero causante de todo? ¿Y si estoy haciendo lo que supuestamente debería evitar? Ahora ya da igual, otro Guardián del Caos se encargará de mí para proteger un futuro que ya no conozco.
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