Avaricia (I)
Noviembre 19th, 2007La mansión se alzaba prominente en las afueras de la ciudad. No era de construcción reciente, pero estaba muy bien cuidada dándole un ligero aspecto de antigua que la hacía inusualmente acogedora. La rodeaban unos grandes jardines, con altos árboles y perfectos setos. Desde la puerta de la verja metálica, Ashe no podía ver mucho más.
Por fortuna, la verja sí que estaba lo suficientemente deteriorada y rota por algunos puntos como para poder permitirla el paso. Mientras se acercaba a la puerta de la mansión, revisaba todo su equipo periodístico. Tenía a punto la cámara de fotos y la grabadora. Ensayó su mejor sonrisa y tocó la aldaba. Un anciano entreabrió la puerta.
- ¿Quién es usted? ¿Cómo ha entrado en la finca? - su tono denotaba un claro enfado.
- Esto… yo… - el balbuceo no estaba ayudando - Estoy buscando a la señorita Shauni - confesó finalmente.
- La señorita Shauni no admite visitas de ningún tipo. ¡Váyase o llamaré a la policía! - su dedo apuntaba directamente a la puerta de la verja.
Ashe sabía que no iba a ser fácil burlar al mayordomo, pero un golpe de suerte se cruzó en su camino.
- ¿Quién es? - una delicada y femenina voz sonó desde el interior de la casa. Abriendo la puerta un poco más con una mano y apoyando la otra sobre el hombre de aquel anciano, apareció el objetivo de su visita. Era una mujer joven, extrañamente joven para encontrarse en posesión de la fotuna que se la atribuía y no dejaba de aumentar. No se la conocían familiares o amistades que pudieran explicarlo y por eso era la mayor presa a la que cualquier periodista pudiera aspirar.
- No hay que ser grosero con las visitas - recriminó afablemente a su mayordomo - Por favor, pase señorita…
- Ashe, me llamo Ashe - contestó con la sorpresa marcando cada palabra.
Shauni la invitó a pasar al interior con un gesto, no sin antes examinarla de la cabeza a los pies, deteniéndose especialmente en la cámara de fotos que llevaba colgada del cuello.
El interior de la mansión era simplemente impresionante. Cada detalle estaba perfectamente cuidado y el lujo era el aspecto dominante allá donde posara la vista. Pero lo más llamativo era el oro. Estatuas, jarrones y muebles del preciado elemento adornaban todas las estancias de la mansión, otorgándola así una extraña iluminación a través del reflejo pulido. Incluso el salón a donde fue conducida tenía las cortinas doradas.
- Siéntese - la invitó - ¿La apetece tomar algo?
- Sí, un té estaría bien. Gracias - dijo sin dejar de observar fascinada cada esquina del lugar.
Una criada, aún más joven todavía que ella, tomó nota y desapareció por una de las puertas. Llevaba el típico traje blanco y negro de la criadas de una casa, pero Ashe notó que era más sensual y provocativa de lo que debería ser, con una falda extremadamente corta y una blusa muy ceñida.
- ¿Qué la trae hasta mi morada? ¿Por qué todos los periodistas me acechan? - preguntó en tono serio mientras señalaba inocentemente a la cámara de fotos.
- Es lógico. Todos tenemos curiosidad por la desconocida mujer que de la noche a la mañana ingresa en la lista de las cien personas más ricas del mundo. Y por lo que veo - dijo barriendo con la mirada el salón - lo invierte ostentosamente.
- Se equivoca, mi oro - hizo especial énfasis en el “mi” - no es una inversión, sino el origen de todo lo que tengo.
La criada regresó con el té en una bandeja, pero cuando se acercaba para servirlo tropezó. La dorada bandeja chocó escandalosamente contra el suelo, y la taza se hizo añicos esparciendo su contenido.
- ¡Eres una inútil! - gritó enfurecida Shauni a la vez que se levantaba violentamente del sillón - ¡No mereces la oportunidad que te he dado!
La asistenta lloraba abundantemente arrodillada en el suelo ante el estropicio que había causado, y su expresión cambiaba a pánico mientras su señora se acercaba a ella. Lo había visto otras veces. Sabía cuál era su castigo.
Posted in Relatos | 2 Comments »
