Atrapada

La costaba respirar. Intentó abrir los ojos pero algo la obstruía los párpados. Con ayuda de una mano retiró algo viscoso de su cara y entonces pudo analizar la situación. El pasillo terminaba abruptamente unos metros más adelante con varias palmeras y su ventanilla estaba rota permitiendo entrar algunas ramas por ella. El avión se había estrellado en la jungla.

Intentó moverse pero no pudo. Los asientos de delante se habían desplazado y la aprisionaban las piernas. El otro brazo que no había usado lo tenía también libre pero el dolor era insufrible, probablemente por una fractura de bastante gravedad. Por fortuna aún podía mover el cuello y disponía de un brazo usable con el que se había despejado la cara.

Echó un vistazo al asiento de su lado y allí pudo ver el cadáver de su novio. Tenía la cara desfigurada y ausente parte del cráneo posterior debido a una viga metálica que se había desprendido del techo arrasando con todo. En otras circunstancias esa escena habría sido suficiente para provocar el colapso de cualquier persona y una serie de sensaciones indescriptibles, pero ése no era su caso y la preocupaba. Estaba más pendiente de su propia supervivencia que de preocuparse por otras personas, incluso de la que había jurado amar más que a su propia vida.

Sabía que la adrenalina corría por sus venas y la mantenía alerta, pero ese efecto se pasaría pronto y las consecuencias físicas serían impredecibles cuando llegara ese momento. Tenía que actuar o hacer algo antes de que fuese demasiado tarde.

- ¡¿Hola?! - gritó todo lo que pudo y le permitieron sus agobiados pulmones. La única respuesta que tuvo fue la de varios pájaros tropicales y el repiqueteo de la lluvia sobre el fuselaje. Tenía la esperanza que entre los miembros colgando hasta donde la alcanzaba la vista y los cuerpos tendidos por todas partes, habría otro superviviente consciente.

Pronto empezó a sentir mareos. Al principio como si todo diese vueltas a su alrededor durante unos segundos, y después sonidos agudos y extraños en los oídos. La desorientación fue en aumento y en poco tiempo dejó de concebir el paso del mismo. Ya no sabía si llevaba varios días atrapada en ese lugar o tan sólo unas horas. Un zumbido constante crecía en su cabeza, alejándose y acercándose alternativamente. Bien podría ser un helicóptero de rescate o el inconstante latido de su febril corazón. Mientras la vista se tornaba más borrosa y blancuzca, tuvo la visión de su novio zarandeándola y golpeando sus mejillas. Sabía que eso era imposible, pero con ese agradable pensamiento permitió que la inconsciencia la invadiera.

- La hemos perdido - susurraron los servicios de emergencia al hombre que seguía agitando el inerte cuerpo de su novia entre sollozos.

Este post fue escrito el Martes, Agosto 21st, 2007 a las 3:03 y está archivado en la(s) categoría(s) Relatos. Puedes seguir los comentarios de esta entrada suscribiéndote a este feed RSS 2.0. Puedes dejar un comentario, o enviar un trackback desde tu web. Technorati icon


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