Enfermo

- Tengo dos noticias, y las dos son malas. ¿Cuál prefiere oir primero? - dijo el médico sin levantar la vista de los documentos que hojeaba entre sus manos.

No le gustaban las revisiones anuales. De hecho no le gustaban los médicos en general, ya que siempre le encontraban alguna enfermedad o dolencia nueva. De las pocas veces que había ido en su vida, le habían diagnosticado dos tumores, un cáncer y varias afecciones crónicas en los pulmones y en la piel. Solía decir que prefería morirse de algo desconocido antes que saber qué lo estaba matando. A veces incluso bromeaba argumentando que él iba sano y los médicos eran los que le provocaban esas enfermedades.

- Dígame primero la menos mala.
- Bien, no se va a morir pronto - dijo seriamente.
- ¿Y eso es malo? - preguntó ligeramente sorprendido.
- Sí, porque la otra noticia es que tiene la enfermedad de Huffman, señor Huffman.
- ¡Anda! Una enfermedad que se llama igual que yo. Ya es casualidad - dijo con cierto tono jocoso.
- Se equivoca. La enfermedad es nueva y la hemos puesto su nombre. Usted es el primer afectado que conocemos - explicó con una seriedad tajante.
- ¿Y qué síntomas tiene? Porque yo me encuentro bien y ya me ha dicho que no me voy a morir de esto.
- Aún no conocemos sus síntomas, ni si es contagiosa o hereditaria.
- Pero si no saben qué síntomas tiene, ¿cómo pueden estar seguros de que estoy enfermo? - preguntó extrañado. No era especialmente inteligente, pero ahí había algo que no le cuadraba.
- Existe una enfermedad con su nombre, así que a la fuerza tiene que estar infectado por ella.
- ¡Pero si se la acaba de inventar! - gritó con incredulidad - No pienso perder más el tiempo en esto. Me voy - terminó levantándose de la silla.
- Me temo que no puedo permitírselo, señor Huffman. Por lo que sabemos podría provocar una pandemia a nivel mundial - dijo mientras hacía una señal con la mano a una persona al otro lado de la puerta.

Se presentaron tres militares uniformados con traje de camuflaje verde, casco y sin un atisbo de humanidad en sus rostros. Dos de ellos le agarraron por ambos brazos y el terceró le colocó una mordaza.

Intentó resistirse agitándose violentamente, pero los soldados eran extremadamente fuertes. De forma involuntaria, en uno de sus vanos intentos, propinó una patada en el estómago al que le estaba tapando la boca. Como un acto reflejo, el soldado sacó su pistola reglamentaria y disparó cuatro veces sobre su espontáneo agresor. Los otros dos soltaron el cuerpo que cayó como plomo sobre el suelo de la consulta.

- Bien, ahora ya sabemos que la enfermedad de Huffman es mortal. Avisad al equipo de epidemias para que venga a desinfectar y limpiar todo esto.

Este post fue escrito el Viernes, Junio 29th, 2007 a las 10:00 y está archivado en la(s) categoría(s) Relatos. Puedes seguir los comentarios de esta entrada suscribiéndote a este feed RSS 2.0. Puedes dejar un comentario, o enviar un trackback desde tu web. Technorati icon


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