Traición
Cada golpe que dió en la mesa con su puño retumbó como el eco de un trueno. Algunos incluso creyeron ver pequeños destellos luminosos con cada impacto, como las chispas de dos piedras chocando para encender fuego.
La sala enmudeció por completo, presa del temor y la sorpresa. Los miembros del consejo al que petenecía callaron de inmediato para mirarle y esperar sus palabras. Rara era la vez en que se pronunciaba, aunque ya era raro de por sí que articulara palabra alguna, y mucho menos que cambiara su apariencia impasible.
Todos le temían, y eran conocidas por el mundo entero las leyendas sobre cómo había conseguido su enrome poder mágico comiéndose vivos a otros magos que osaron enfrentarse a él.
- ¡Matadle! - soltó finalmente, con una voz tan cavernosa y profunda que estremecía a cualquiera que no la hubiese escuchado antes, y eso resultaba bastante difícil.
El condenado a muerte no era una excepción, pero es un arranque de adrenalina por su propia supervivencia, propinó un fuerte golpe al soldado que lo custiodaba y le quitó su alabarda.
- ¡Nadie va a matarme! - gritó amenazando al consejo apuntándoles con su recién adquirida arma y atento a cualquiera que pudiese acercársele.
De repente, y como si estuviera situado sobre la mismísima boca de un volcán, una columna de fuego emergió del suelo y engulló al condenado por completo. El grito de sorpresa no dió tiempo a transformarse en dolor, y en unos pocos segundos sólo quedó una montaña de oscuras cenizas.
Nadie se explicaba cómo había ocurrido, aunque alguno llegó a asegurar que lo hizo el mago solamente levantando una ceja. Después el consejo se retiró y la sesión concluyó, dando más rumores y cosas de las que hablar al pueblo llano.
- ¿Era necesario? - preguntó el rey.
- Sin duda - contestó el mago.
- ¡Maldita, sea, Dalamar! ¡Era mi hijo! Muestra algo de compasión al menos - estalló entre lágrimas y sollozos.
- ¿Hubieras preferido morir en manos de tu propio hijo?
- El oráculo a veces se equivoca.
- No lo hizo cuando predijo que yo sería tu asesino.
La cara de sorpresa del rey se esfumó junto con el resto de su cuerpo sin dejar ni rastro. La dominación del mundo siempre empieza en los pequeños reinos.
Este post fue escrito el Lunes, Junio 25th, 2007 a las 10:10 y está archivado en la(s) categoría(s) Relatos.
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Junio 25th, 2007 at 12:30
Usando
Guau, éste también merece un aplauso. El final me ha impactado mucho, así como el personaje del mago. Realmente sabes crear malos
Eso sí, esta historia da para una precuela, una secuela y más
Incluso para una novela^^. No la desperdicies. Y mucho menos, ese talento tuyo 
Un beso, guapísimo,
Mun Light Doll
PD: Lo de la ceja ha sido muy grande. Ya lo sabes