Archive for Junio, 2007

Enfermo

Junio 29th, 2007

- Tengo dos noticias, y las dos son malas. ¿Cuál prefiere oir primero? - dijo el médico sin levantar la vista de los documentos que hojeaba entre sus manos.

No le gustaban las revisiones anuales. De hecho no le gustaban los médicos en general, ya que siempre le encontraban alguna enfermedad o dolencia nueva. De las pocas veces que había ido en su vida, le habían diagnosticado dos tumores, un cáncer y varias afecciones crónicas en los pulmones y en la piel. Solía decir que prefería morirse de algo desconocido antes que saber qué lo estaba matando. A veces incluso bromeaba argumentando que él iba sano y los médicos eran los que le provocaban esas enfermedades.

- Dígame primero la menos mala.
- Bien, no se va a morir pronto - dijo seriamente.
- ¿Y eso es malo? - preguntó ligeramente sorprendido.
- Sí, porque la otra noticia es que tiene la enfermedad de Huffman, señor Huffman.
- ¡Anda! Una enfermedad que se llama igual que yo. Ya es casualidad - dijo con cierto tono jocoso.
- Se equivoca. La enfermedad es nueva y la hemos puesto su nombre. Usted es el primer afectado que conocemos - explicó con una seriedad tajante.
- ¿Y qué síntomas tiene? Porque yo me encuentro bien y ya me ha dicho que no me voy a morir de esto.
- Aún no conocemos sus síntomas, ni si es contagiosa o hereditaria.
- Pero si no saben qué síntomas tiene, ¿cómo pueden estar seguros de que estoy enfermo? - preguntó extrañado. No era especialmente inteligente, pero ahí había algo que no le cuadraba.
- Existe una enfermedad con su nombre, así que a la fuerza tiene que estar infectado por ella.
- ¡Pero si se la acaba de inventar! - gritó con incredulidad - No pienso perder más el tiempo en esto. Me voy - terminó levantándose de la silla.
- Me temo que no puedo permitírselo, señor Huffman. Por lo que sabemos podría provocar una pandemia a nivel mundial - dijo mientras hacía una señal con la mano a una persona al otro lado de la puerta.

Se presentaron tres militares uniformados con traje de camuflaje verde, casco y sin un atisbo de humanidad en sus rostros. Dos de ellos le agarraron por ambos brazos y el terceró le colocó una mordaza.

Intentó resistirse agitándose violentamente, pero los soldados eran extremadamente fuertes. De forma involuntaria, en uno de sus vanos intentos, propinó una patada en el estómago al que le estaba tapando la boca. Como un acto reflejo, el soldado sacó su pistola reglamentaria y disparó cuatro veces sobre su espontáneo agresor. Los otros dos soltaron el cuerpo que cayó como plomo sobre el suelo de la consulta.

- Bien, ahora ya sabemos que la enfermedad de Huffman es mortal. Avisad al equipo de epidemias para que venga a desinfectar y limpiar todo esto.

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Traición

Junio 25th, 2007

Cada golpe que dió en la mesa con su puño retumbó como el eco de un trueno. Algunos incluso creyeron ver pequeños destellos luminosos con cada impacto, como las chispas de dos piedras chocando para encender fuego.

La sala enmudeció por completo, presa del temor y la sorpresa. Los miembros del consejo al que petenecía callaron de inmediato para mirarle y esperar sus palabras. Rara era la vez en que se pronunciaba, aunque ya era raro de por sí que articulara palabra alguna, y mucho menos que cambiara su apariencia impasible.

Todos le temían, y eran conocidas por el mundo entero las leyendas sobre cómo había conseguido su enrome poder mágico comiéndose vivos a otros magos que osaron enfrentarse a él.

- ¡Matadle! - soltó finalmente, con una voz tan cavernosa y profunda que estremecía a cualquiera que no la hubiese escuchado antes, y eso resultaba bastante difícil.

El condenado a muerte no era una excepción, pero es un arranque de adrenalina por su propia supervivencia, propinó un fuerte golpe al soldado que lo custiodaba y le quitó su alabarda.

- ¡Nadie va a matarme! - gritó amenazando al consejo apuntándoles con su recién adquirida arma y atento a cualquiera que pudiese acercársele.

De repente, y como si estuviera situado sobre la mismísima boca de un volcán, una columna de fuego emergió del suelo y engulló al condenado por completo. El grito de sorpresa no dió tiempo a transformarse en dolor, y en unos pocos segundos sólo quedó una montaña de oscuras cenizas.

Nadie se explicaba cómo había ocurrido, aunque alguno llegó a asegurar que lo hizo el mago solamente levantando una ceja. Después el consejo se retiró y la sesión concluyó, dando más rumores y cosas de las que hablar al pueblo llano.

- ¿Era necesario? - preguntó el rey.
- Sin duda - contestó el mago.
- ¡Maldita, sea, Dalamar! ¡Era mi hijo! Muestra algo de compasión al menos - estalló entre lágrimas y sollozos.
- ¿Hubieras preferido morir en manos de tu propio hijo?
- El oráculo a veces se equivoca.
- No lo hizo cuando predijo que yo sería tu asesino.

La cara de sorpresa del rey se esfumó junto con el resto de su cuerpo sin dejar ni rastro. La dominación del mundo siempre empieza en los pequeños reinos.

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Precio

Junio 18th, 2007
Morí. Pocos pueden decir eso. Es una experiencia tan desagradable que nadie en su sano juicio querría volver tan sólo para evitar volver a pasar por ello. Pero yo lo hice. Tenía que volver a cualquier precio, y el precio fue alto.

Un chasquido sacó a Remko de sus cavilaciones mientras recordaba su pasado. Se llevó la mano a la espalda para empuñar su arma, pero sólo agarró aire. Rápidamente se dió la vuelta y analizó todo su entorno en busca de amenazas, pero cuando iba a mirar hacia arriba, una musculosa pierna impactó en su mejilla tirándole al suelo como un muñeco de trapo.

- Así que éste es el famoso cazador - empezó diciendo su atacante - y ésta su legendaria espada - comentó observando el arma que tenía entre sus manos.
- Mejor será que me devuelvas eso - dijo Remko mientras se levantaba del suelo, con un evidente tono de furia contenida, sin perder la vista sobre su espada.
- Yo creo que no. Vamos a comprobar si las maravillas que cuentan sobre ella son ciertas - alardeaba a la vez que blandía la espada en el aire, probando su manejo.

Sin dejar de moverla en movimientos semicirculares, caminaba dirigiéndose a Remko, que se le notaba ligeramente abrumado por la situación. Sin su arma lo único que se le ocurrió fue salir corriendo, y lo hizo hasta que notó su corazón como una orquesta de tambores. Pero él ya estaba allí.

- ¿Es lo mejor que sabes hacer? - preguntó Remko, sin perder en ningún momento la compostura y las apariencias.
- Claro que no - y cargó contra su atacante espada en alto.

Pero lo que no podía intuir era que el arma le entorpecía más que ayudarle y le hacía más vulnerable. A Remko le llevó cientos de años dominar su uso y convertirla en su mejor aliada en vez de en su peor enemigo. Y tal como esperaba, su atacante tropezó al no saber cómo balancear su peso de forma correcta.

Con un ágil salto, se puso encima de él inmovilizándole para evitar que se volvera a levantar. Y con un golpe le arrebató la espada, que finalmente volvió a sus manos.

- Ahora te enseñaré cómo se usa de verdad.

Entre gritos de agonía y dolor, le rebanó las dos preciosa alas blancas, que quedaron expandidas a su lado salpicada de sangre y plumón suelto. Con otro rápido movimiento, ensartó la espada en su cráneo, que atravesó el hueso como simple pan mojado.

Morí. Y el precio que tengo que pagar es pasar toda la eternidad buscando y cazando ángeles. Soy inmortal gracias a un pacto con el diablo. Al fin y al cabo, ¿quién sino querría llegar a un acuerdo con un suicida arrepentido?

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Microrrelatos (III)

Junio 10th, 2007

Al hilo del “Quinto Certamen de Microrrelatos” convocado por Ana Arándanos, éstos fueron los que presenté usando la palabra clave “palabra“ (o “palabras“).

El primero:

- Compréndelo, él vive aquí cerca, y tú a cientos de kilómetros de distancia.
- ¿Mé estás pidiendo que entienda razonadamente tu infidelidad? - la miró directamente a los ojos, desafiándola a que fuera sincera.
- No te he sido infiel, por eso te lo cuento, para no hacerte daño.
- ¿También te tengo que dar las gracias? ¿Por dejarme en la estacada, por tirarlo todo por la borda?

Los dos rompieron a llorar uno detrás del otro, y sus fuerzas para seguir discutiendo se diluían y escapaban con cada lágrima suicidada.

- ¡Sólo ha sido un beso! Yo te quiero a tí.
- Palabras, son sólo dulces palabras que se convierten en amarga cera en mis oídos.

El segundo:

- ¿”Arambol”? ¿Qué clase de palabra es esa? Eso no existe
- ¿Cómo que no? Mi abuela la usaba mucho

Siempre que se ponían a jugar al Scrabble acababan igual, discutiendo por alguna palabra extraña que alguno de los dos no conocía.

- Me da igual, tienen que ser palabras que los dos conozcamos.
- De eso nada, las reglas dicen que vale mientras esté en el diccionario. ¡Compruébalo!

No quería comprobarlo porque sabía que tenía razón. Pero ese día jugaban en su casa, y en su casa siempre se jugaba con sus reglas.

Ninguno de los dos pasó la primera ronda de clasificación.

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Insomnio

Junio 6th, 2007

Plic

- 1326

Plic

- 1327

Insomnio. A pesar de la oscuridad de la habitación, sus ojos ya se habían acostumbrado y le permitían ver con todo detalle. No quería incorporarse de la cama para no ver la suciedad y la cochambre que ya percibía por el olor.

Síndrome postraumático le habían diagnosticado los médicos hace unos días. Le habían cortado la luz, le habían quitado el gas, pero aún seguía conservando el agua, por desgracia.

Plic

- 1328

Se levantó de la cama de un salto. Si la luz rebotara en su cara se podrían ver todas las venas marcadas en el blanco de sus ojos. Tantenado en la oscuridad cogió un palo de madera, posiblemente perteneciente a un viejo mueble, y se dirigió al baño.
Con todas sus fuerzas arremetió contra la grifería. Cada golpe parecía que hacía vibrar las tuberías de todo el edificio. Sólo se detuvo cuando consumió sus escasas energías por completo. Dejó caer el palo al suelo y regresó a la cama.

- ¿Por dónde iba? - se preguntó a sí mismo sujetándose la cabeza con ambas manos - ¡Ah, sí!

Abrió el cajón de la mesilla, ligeramente iluminado por una penumbra que atravesaba la persiana, y sacó la pistola. Introdujo el cañón en la boca, y sin vacilar, apretó el gatillo.

Plic

Ahora el goteo era de color rojo.

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