Archive for Mayo, 2007

El Umbral del Poder (y II)

Mayo 27th, 2007

No sabía donde estaba. Ni siquiera sabía si se encontraba de pie, sentado o boca abajo. Cualquier referencia terrenal había desapaercido y sus sentidos humanos eran ahora completamente inútiles. Seguía sin poder ver nada, y lo único que percibía era una sensación de calidez por todo su cuerpo que le estimulaba y reconfortaba, como si estuviera al fuego de una chimenea.

Una voz le desgarró sus pensamientos.
- ¿Quién osa perturbar mi sueño? - el sonido se proyectaba directamente sobre su cabeza.
- Soy yo - se aventuró a contestar con voz temblorosa.

Durante unos segundos no escuchó nada mas, pero se sentía observado, escudriñado. Podía oir una respiración jadeante y dificultosa que le erizó todo el vello de su cuerpo.

- ¿Por qué has venido? - finalmente obtuvo como respuesta.

No se esperaba aquello. Era el primer mortal que cruzaba el umbral desde la creación del plano existencial y no se esperaba un recibimiento tan tosco.

- Como servidor tuyo, estoy aquí para recibir el poder absoluto. El deseo de cualquiera de tus acólitos.

De nuevo varios segundos de silencio, aunque le era difícil calcular el tiempo privado de todos sus sentidos. La sensación cálida inicial iba en aumento, y ya empezaba a tener calor. No un calor veraniego, sino como si tuvera cada vez más cerca una fuente de lava o las brasas de una hoguera.

- ¡Estúpido! - gritó la voz con un tono tan grave y alto que le parecía que la cabeza le iba a estallar - Yo soy el poder absoluto.

En ese instante comprendió su error. Iba a pagar la osadía con su propia vida.
El calor era tan extermo que comenzaba a sentir la abrasión, como si aquella supuesta lava se estuviera deslizando por su piel y arrancando la carne a su paso. Sentía como su ser se iba desvaneciendo entre dolores insoportables y una lenta agonía.

Lo último que escuchó antes de sentir como dejaba de existir fue una voz serena.
- El mal sólo se alimenta del mal.

Inspirado en la novela de nombre homónimo escrita por Margaret Weis y Tracy Hickman, perteneciente a la trilogía “Leyendas de la Dragonlance”

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El Umbral del Poder (I)

Mayo 23rd, 2007

Llevaba toda su vida esperando ese momento. Estaba de pie, junto al marco de la puerta, y ya podía sentir su poderosa fuerza atravesado tu frágil cuerpo.

Años de sacrificio sirviendo a la magia arcana habían consumido su carne. Se podían vislumbrar todos sus huesos a través de la fina y pálida piel. Pero donde más se notaba su transformación era en sus ojos. Aquellos iris verdosos que lució en su juventud eran ahora amarillentos, como si estuvieran infectados y enfermos. Y sus pupilas hacía mucho tiempo que habían dejado de ser redondas.
Finalmente todo iba a tener su recompensa, en cuanto cruzara aquella puerta, aquel marco, el umbral del poder.

Repitió en voz alta, una y otra vez, las palabras mágicas, audibles sólo para los miembros de su misma orden, pero sonidos quedos para el resto de mortales.

Los ojos de las cinco cabezas cromáticas de dragón que custodiaban la puerta empezaron a brillar. El edificio entero retumbó y entre los bloques de piedra que lo construían se desprendió polvo y arena.

De pronto, aquella puerta maciza sin pomo ni forma visible de apertura, mostró una leve rendija a lo largo de toda su perímetro. La luz que se filtró a través de esa minúscula abertura era tan cegadora como mil soles en la estación seca. Tuvo que alzar el brazo y protegerse los ojos con parte de su oscura túnica.

La emoción lo embargaba. Apenas habían pasado unos segundos y a él le parecían años, esperando a que la puerta se terminara de abrir. La luz era de una blancura antinatural, y tan brillante que era imposible poder ver qué había al otro lado. Sin importarle lo que pudiese encontrar al otro lado, aparte de la meta de su existencia, asió su bastón y cruzó el umbral con paso firme.

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Microrrelatos (II)

Mayo 21st, 2007

Al hilo del “Cuarto Certamen de Microrrelatos” convocado por Ana Arándanos, éstos fueron los que presenté usando la palabra clave “cóncavo“ (o “cóncava“).

El primero:

Después de más de 15 años de investigaciones, una buena mañana en el bañó dió con la solución.

- ¡Eureka! ¡Lo tengo! - gritaba por el pasillo del laboratorio escupiendo pasta de dientes cada vez que abría la boca.

Llegó corriendo a la sala esterilizada y se sentó de un salto en la silla del ordenador. En apenas unos segundos codificó todos los parámetros y valores.

- ¿Cómo no se le había ocurrido a nadie antes? - se dijo en voz baja, casi murmurando - ¡El espejo tiene que ser cóncavo! - acabó la frase gritando.

Pulsó la tecla de “Ejecutar” con emoción, humedeciéndose los labios. Ya podía saborear el Nobel cuando presentara ante la comunidad científica su revolucionario descubrimiento. ¡Y le llamaron loco cuando se propuso crear una silla eléctrica con energía solar!

El segundo:

- ¡Niña! ¡Recoge ahora mismo todos tus juguetes!
- Pero…
- Ni “pero” ni nada, ¡recógelos! Que no te lo tenga que decir dos veces

La niña pequeña empezó a ordenar su habitación, con lágrimas en los ojos. Recogió las muñecas desperdigadas, la ropa tirada por el suelo y por último los juguetes electrónicos que la habían regalado por Navidad.
Entre ellos se encontró con uno que no había visto nunca. Era pequeño, negro y con una parte cóncava que se movía. Cuando terminó la tarea que le habían mandado decidió explorar y jugar más con aquella nueva e inesperada adquisición.

Mientras analizaban los restos de la casa, los forenses aún no se explican como aquella bomba nuclear de bolsillo llegó a parar a manos de una niña pequeña.

El primer microrrelato llegó a ser finalista, pero no consiguió ganar.

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Microrrelatos (I)

Mayo 9th, 2007

Al hilo del “Tercer Certamen de Microrrelatos” convocado por Ana Arándanos, éstos fueron los que presenté usando la palabra clave “cárcel“.

El primero:

- ¡Llevad a ese cristiano a la cárcel! - gritó con furia.
- Pero, mi centurión, las cárceles aún no se han inventado, quedan miles de años para eso. Nosotros ejecutamos directamente - contestó el soldado romano con cierto temor al llevar la contraria a un superior.
- Pues habrá que inventarlas, digo yo - contestó el centurión jactándose de su brillante idea.
- Necesitaremos ladrillos, hormigón armado, agua corriente, electricidad, barrotes de acero… que aún tampoco se han inventado, eso sin contar a los policías, funcionarios, alguaciles y demás personal.

El centurión se quedó callado con la mirada desencajada sobre aquel subordinado que no hacía más que ponerle inconvenientes a sus deseos, pero sabía que tenía razón.
- ¡Llevad a ese cristiano a la cruz! - gritó finalmente.

Y el segundo:

- Mira, por ahí viene - le dijo mientras señalaba hacia arriba con el dedo.

Ambos miraron al cielo a la gigantesca cárcel volante. Una enorme mole de piedra maciza, oscurecida por el paso de cientos de años, que sobrevolaba justo en ese instante varios kilómetros por encima de sus cabezas. Desde que se construyó jamás había tocado tierra firme.
De repente, una persona es lanzada desde ella. El grito durante los varios segundos que duró la caída fue espeluznante.

- Otro que termina la condena.
- Pero, ¡eso es horrible! - contestó con la mirada de terror aún en sus ojos, pues era la primera vez que lo veía en su corta vida.
- Entonces no quieras saber cómo envían a los presos hacia ella.

Desgraciadamente ninguno de los dos pasó la primera ronda de clasificación.

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