Archive for Marzo, 2007

Luna

Marzo 9th, 2007

En todo el firmamento,
entre las miles de estrellas,
hay una que más alta brilla
cerquita de mi corazón.

Las nubes no me dejan verte.
La niebla difumina tu imagen.
Pero aunque esta noche no salgas,
sé que vagas por alguna parte.

Te ocultas tras un velo negro,
un halo de misticismo y oscuridad.
¿No ves lo bella que eres,
cuando desbordas felicidad?

Pero tu amor no me pertenece.
No soy digno de tu calor.
Continúa bailando tu canción,
mientras yo me curo este dolor.

Dedicado a mis dos lunas, una en el cielo y otra en la Tierra.

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Fin (III)

Marzo 6th, 2007

Al salir de la casa de Jezabel, dos vigilantes estaban apostados sobre la pared al otro lado de la calle. Aunque trataban de disimular, Caleb y Laila sabían que les estaban siguiendo. No les quedaba mucho tiempo.

Intentaron despistarlos recorriendo varios callejones en zigzag, hasta que finalmente se fundieron en un mercadillo donde los perdieron completamente de vista. El mercadillo estaba totalmente abarrotado. Aunque se celebraba todos los días, cada vez se hacía en un sector distinto de la ciudadela, por lo que siempre tenía una gran cantidad de clientes. Aquel día estaba situado muy próximo del Aknash, el palacio real, ubicado estratégicamente en el centro de la ciudad y en un entorno elevado. El palacio no era menos ostentoso que el resto de la ciudad, y debido a su enorme tamaño y forma cónica, representaba la cúspide de la civilización, visible desde cualquier punto de la ciudad, y a veces desde fuera en un día despejado.

Hace más de un milenio, se desató la mayor guerra jamás conocida por la historia, en la que estuvierion involucradas varias fuerzas sobrehumanas. Salieron victoriosos los Rednash, una extirpe de guerreros legendarios, y para celebrarlo, ordenaron la construcción del Aknash, para que el mundo entero conociera su supremacía. Desde entonces, tras más de cuarenta generaciones de su linaje, Reddom ha sufrido innumerables cambios, como la construcción de su fortificación y su proclamación como la capital de todo el continente conocido.

Muchos creyeron que ante aquella superioridad militar vendrían tiempos mejores, que los librarían de los saqueadores, asesinos y mercenarios. Sin embargo, su reinado fue firme como una mano de hierro, y en lugar de potenciar el comercio y favorecer el libre intercambio y comunicación entre pueblos, las ciudades se aislaron cada vez más, llegando con el tiempo incluso a que muchas olvidaran la existencia del resto y conviertiéndose en historias y mitos que los abuelos contaban a los nietos.

El despotismo de los Rednash fue en aumento, granjeándose el descontento de prácticamente toda la población durante casi mil años de tiranía. Y los perdedores que aquella cruenta guerra juraron que conseguirían su venganza sobre los cadáveres de sus enemigos.

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Fin (II)

Marzo 2nd, 2007

El interior de la ciudadela era tan majestuosa como su muralla. Miraran a donde miraran no veían más que lujo y ostentosidad. Las calles y las fachadas estaban decoradas con piedras de jade y otros materiales preciosos, que aunque habían perdido su brillo inicial a través de las centurias, aún dotaban a la ciudad de una belleza envidiable.

- Todo está como la última vez - dijo Caleb con cierto tono nostálgico.
- Sí, las murallas han hecho un buen trabajo protegiendo y conservándolo todo.

Cogidos de las mano avanzaron con paso firme por una de las calles principales. A pesar de las mentiras que le habían soltado al guardia, sabían perfectamente dónde tenían que ir y lo que tenían que hacer, pero antes querían hacer una visita a un viejo conocido.

Llamaron a la desvencijada puerta de madera. Al poco se abrió y apareció un anciano. Puede que no fuera muy mayor, pero su aspecto era lamentable. Tenía una pequeña melena completamente blanca que hacía juego con una chilaba también de ese color. Su piel era oscura y apergaminada, y parecía que hacía varios días que no se lavaba. Usaba una rama gruesa y retorcida como bastón y su joroba le impedía mirarles sin girar el cuello hacia arriba a pesar de que era aproximadamente de su altura.

- ¿Qué queréis? - dijo el anciano con voz temblorosa
- No te acuerdas de nosotros, ¿verdad? - dijo Caleb

El anciano entornó los ojos y fijó su vista durante unos segundos en sus caras. Era obvio que necesitaba gafas, aunque no llevaba ningunas.

- ¿Caleb? ¿Laila? - sus ojos se abrieron de par en par - No me lo puedo creer.
- Hemos venido a desperdirnos, Jezabel - dijo Laila
- ¿Ya? - la cara de sorpresa se tornó en tristeza - Entonces ya han pasado mil años desde la última vez.
- Así es. De nuevo todas las señales se han cumplido y venimos a terminar la misión - comentó Caleb.

Un amargo silencio se cruzó entre ellos. Ninguno se movió.

- Os deseo suerte y que tegnáis éxito allá donde yo fracasé - consiguió decir finalmente Jezabel.

Caleb y Laila no dijeron nada más. Los tres se fundierion en un abrazo y se despidieron en silencio, como si fuera un rito mortuorio de tradición milenaria. Y en el fondo, la realidad no distaba mucho de aquello.

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