Fin (VI)
- ¡Eres un cobarde, igual que todo tu linaje!
- Yo… no sé… de qué estás… hablando - consiguió contestar entre sollozos.
- Ni siquiera sabes de qué eres culpable. Os habéis esforzado mucho en ocultar la verdadera historia, pero voy a contarte lo que realmente ocurrió - comenzó Caleb.
Nadie quiso que comenzara aquella guerra, peo aún así todo el mundo acabó implicado directa o indirectamente. Las bajas eran numerosas y las consecuencias en la agricultura y la economía empezaban a ser catastróficas. Fue por ello que un humilde alcalde contrató los servicios de un grupo de mercenarios para terminar de una vez por todas: los Rednash.
El emperador tragó saliva con dificultad mientras escuchaba atónito la historia, la historia de su gente, su pueblo y del mundo entero.
Temiendo que una batalla pudiera acabar con todo lo que más quería en este mundo, les ordenó que fueran de ciudad en ciudad, de estado en estado, sofocando el conflicto, a ser posible evitando más derramamiento de sangre.
Sorprendentemente los Rednash no pidieron nada a cambio de tan titánica tarea, pero ello era porque ya tenían sus propios planes. No sólo zanjaban el combate allí por donde pasaban, sino que además iban aumentando el número de combatientes a su favor, y cuando estuvieron preparados, proclamaron su propio imperio.
Las palabras cada vez eran más duras de pronunciar por Caleb, y más difíciles de esuchar por el emperador, que seguí sin dar crédito a sus palabras.
Pero las reacciones no se hicieron esperar y fueron muchos los que se sublevaron ante aquel nuevo intento de dominación autoritaria. Los Rednash, confiados de sí mismos, subestimaron aquellos vanos intentos que calificaron como pataletas, hasta que ya era demasiado tarde y se vieron desbordados.
Fue entonces cuando Noj Rednash acudió a nosotros en el inframundo, cegado por el miedo y la desesperación ante la posibilidad de perder todo lo que había conseguido. Era un monstruio sediento de poder capaz de hacer cualquier cosa con tal de mantener su posición.
Aceptamos ayudarle con la única condición de que pudiésemos campar por el mundo a nuestra voluntad y sin restricciones. Para nosotros fue fácil acabar con todos los débiles humanos que se atrevían a enfrentarse, pero Noj nos vió entonces como una amenaza, ya que teníamos el poder suficiente para acabar con él si quisiéramos.
En el más vil intento de traición conocido, y aprovechando el elemento sorpresa, consiguió sojuzgarnos.
Caleb estaba llorando al recordar aquellos atroces sucesos. Muchos conocios murieron mientras descansaban y la mayoría fueron atacados por la espalda. Una sola mirada de Laila le dió el ánimo suficiente para continuar.
Los que sobrevivimos pudimos elegir entre volver al inframundo para no regresar jamás o camuflarnos entre los humanos aguardando nuestro momento, el amargo sabor de la venganza. Varios han sido los que lo han intentado hasta la fecha sin éxito, con mayor o menor fortuna, - durante un segundo recordó a Jezabel - pero no ha sido hasta ahora el momento propicio. Después de mil años vuestro linaje está marchito, tú eres el último descendiente y ni la mitad de guerrero que fue Noj.
Esas últimas palabras se habían clavado en la cabeza del emperador como cuchillos de hielo. No quería creer ni una sola palabra, pero en el fondo sabía que había algo de verdad en todo ello.
- Me niego a creer nada de lo que has dicho. Y aunque fuera cierto no vas a poder hacer nada para evitarlo.
Mientras pronunciaba esta última frase, de forma sibilina agarró la katana que llevaba oculta tras sus largos ropajes. Sin vacilar, y desatando toda su rabia y dolor, se abalanzó sobre él.
Caleb no se esperaba que un un miserable humano pudiera atacarlo, y aunque trató de cubrirse de la afilada hoja, le separó en dos mitades con completa facilidad.
- ¿No te preguntaste nunca cómo unos simples humanos pudimos someteros? - preguntó el emperador con tono sarcástico mientras Caleb se desangraba sin remedio - En esta mágica y legendaria katana está la respuesta.
Una despiadada sonrisa se instaló en su cara a la vez que admiraba con fascinación la hoja, ahora manchada de un líquido negro y viscoso.
El cielo se cubrió por completo con una oscuridad antinatural cuando Laila pronunció unas palabras arcanas alzando los brazos al cielo. El viento se aceleraba a su alrededor y sus ojos rojos estaban clavados en el asesino de su amado.
Este post fue escrito el Jueves, Marzo 22nd, 2007 a las 10:00 y está archivado en la(s) categoría(s) Relatos.
Puedes seguir los comentarios de esta entrada suscribiéndote a este feed RSS 2.0.
Puedes dejar un comentario, o enviar un trackback desde tu web.

Marzo 22nd, 2007 at 23:42
Usando
Me encanta la humanidad que concedes a los demonios
Después de todo, ellos también lloran (y que conste que no estoy haciendo publicidad a cierto juego de la Capcom :P).
No me tengas en ascuaaaas, pon lo que queda yaaaaa (pero no te des prisa, que si no se acaba el relato).
Un besote demoníaco,
Mun Light Doll