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Fin (IV)

Marzo 12th, 2007

Durante los últimos años, las apariciones en público del actual legislador, Litenko Rednash, han ido reduciéndose hasta prácticamente desaparecer. Todos los rumores apuntan a una grave enfermedad y la oscura sombra de la sucesión planea sobre su único heredero.

Caleb y Laila se aproximaron al complejo presidencial. También tenía ocho accesos pero colocados de tal forma que no estuvieran alienados con la muralla externa, aunque estuviera bastante lejos de ella y hubiera infinidad de calles entre ellas. A cada lado de la puerta había apostado un guardia uniformado, bastante fornido y con una amplia variedad de armas blancas.

- Yo me ocupo del de la izquierda - le susurró Caleb a Laila.

Los dos guardias charlaban desde sus posiciones.

- Tienes que verlo, en serio.
- No hace falta, te creo. No todos los días uno se convierte en padre.
- Es una ricura de niño, no llora ni… - la frase terminó con un golpe seco, como un crujir de rama.
- ¿Yerai? ¿Qué ha sido eso? - preguntó con voz temblorosa mientras se dirigía hacia su compañero.

Pero sucompañero ya no estaba allí, y en su lugar había un enorme charco de sangre y parte de un brazo, con signos de haber sido arrancado de cuajo.

- ¡Mierda! - gritó

Se dió la vuelta con intención de salir corriendo y dar la alarma, pero se encontró cara a cara con aquellos ojos rojos y grandes. Antes de sufrir el mismo destino que su compañero, supo que aquellos ojos no eran humanos.

- Continuemos, ya estamos cerca - sentenció Lala.

Ambos entraron en el majestuoso edificio. Y quedaron deslumbrados por su decoración: grandes y coloridos tapices, muebles de exóticas maderas y sobre todo cuadros, cientos y cientos de cuadros entre los que había retratos de todos los descendientes del tiránico linaje y escenas y representaciones de acontecimientos ocurridos durante el último milenio.

- Es una lástima que se vaya a perder todo esto - suspiró Laila.
- Piensa a quién pertenecen. Todo viene del mismo sitio.
- Tienes razón, Caleb. No debemos olvidar la misión.

Avanzaron por los laberínticos pasillos en dirección al centro del edificio con sumo sigilo, pero cuando ya estaban cerca oyeron unas voces que se acercaban rápidamente.

- ¡Escondámonos! No nos interesa un enfrentamiento ahora mismo.

Las voces se fueron acercando. Se trataba de dos mayordomos visiblemente alterados y exaltados.

- No puede andar muy lejos. Hay que encontrale cuanto antes para darle la triste noticia y empezar con la ceremonia de coronación.
- ¿Dónde se habrá metido? Tenía que haber estado junto a su padre cuando exhaló su último aliento.

Siguieron caminando a gran velocidad hasta que sus voces se convirtieron en un susurro inaudible en la lejanía del pasillo.

- El rey ha muerto - susurro Laila.
- Sí, la última señal. Ha llegado el momento - dijo Caleb, mientras un brillo especial inundaba sus ojos.

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