Fin (II)
Marzo 2nd, 2007El interior de la ciudadela era tan majestuosa como su muralla. Miraran a donde miraran no veían más que lujo y ostentosidad. Las calles y las fachadas estaban decoradas con piedras de jade y otros materiales preciosos, que aunque habían perdido su brillo inicial a través de las centurias, aún dotaban a la ciudad de una belleza envidiable.
- Todo está como la última vez - dijo Caleb con cierto tono nostálgico.
- Sí, las murallas han hecho un buen trabajo protegiendo y conservándolo todo.
Cogidos de las mano avanzaron con paso firme por una de las calles principales. A pesar de las mentiras que le habían soltado al guardia, sabían perfectamente dónde tenían que ir y lo que tenían que hacer, pero antes querían hacer una visita a un viejo conocido.
Llamaron a la desvencijada puerta de madera. Al poco se abrió y apareció un anciano. Puede que no fuera muy mayor, pero su aspecto era lamentable. Tenía una pequeña melena completamente blanca que hacía juego con una chilaba también de ese color. Su piel era oscura y apergaminada, y parecía que hacía varios días que no se lavaba. Usaba una rama gruesa y retorcida como bastón y su joroba le impedía mirarles sin girar el cuello hacia arriba a pesar de que era aproximadamente de su altura.
- ¿Qué queréis? - dijo el anciano con voz temblorosa
- No te acuerdas de nosotros, ¿verdad? - dijo Caleb
El anciano entornó los ojos y fijó su vista durante unos segundos en sus caras. Era obvio que necesitaba gafas, aunque no llevaba ningunas.
- ¿Caleb? ¿Laila? - sus ojos se abrieron de par en par - No me lo puedo creer.
- Hemos venido a desperdirnos, Jezabel - dijo Laila
- ¿Ya? - la cara de sorpresa se tornó en tristeza - Entonces ya han pasado mil años desde la última vez.
- Así es. De nuevo todas las señales se han cumplido y venimos a terminar la misión - comentó Caleb.
Un amargo silencio se cruzó entre ellos. Ninguno se movió.
- Os deseo suerte y que tegnáis éxito allá donde yo fracasé - consiguió decir finalmente Jezabel.
Caleb y Laila no dijeron nada más. Los tres se fundierion en un abrazo y se despidieron en silencio, como si fuera un rito mortuorio de tradición milenaria. Y en el fondo, la realidad no distaba mucho de aquello.
Posted in Relatos | 1 Comment »
