Archive for Marzo, 2007

Fin (y VII)

Marzo 28th, 2007

Con sólo un chasquido de sus dedos, una poderosa ráfaga de energía mandó al emperador a la otra punta de la plataforma, tras rodar varios metros por el suelo.

Magullado por los golpes y las contusiones, se levantó con dificultad. Asió de nuevo la katana, y desde esa distancia cargó con todas sus fuerzas restantes. Blandió el arma con intención de atraversarla, pero cuando impactó, la hoja estalló en mil pedazos.

- ¡¿Qué?! - la cara del emperador reflejaba sorpresa y terror, porque sabía que al perder el arma, también iba a perder la vida en manos de su enemigo.

Sin inmutarse ni un ápice, Laila agarró su cráneo con su enorme garra y le levantó en el aire. Estaba disfrutando su superioridad, saboreando su pánico, alimentándose de su terror.

- ¡No! ¡Por favor! ¡No quiero morir! ¡Haré lo que sea, lo que tú me digas! - imploró a duras penas, ya que la garra que le sujetaba la cabeza le impedía articular las palabras y el peso del resto del cuerpo estiraba su cuello.

Estaba a punto de entrar en shock en un ataque de ansiedad, pero acabó meándose encima y goteando por las piernas.

- ¡Qué asco! - exclamó Laila.

Y sin más preámbulos siguió apretando su cabeza, al principio lentamente mientras observaba cómo sangraba por los puntos de presión y por la nariz y oídos. Finalmente cerró la garra con un sólo gesto.

El resto del cuerpo cayó al suelo completamente inerte, y ahora el extremo de su brazo estaba completamente embadurnado de sangre.

El corazón de Laila corría desbocado y jadeaba ampliamente. La adrenalina que corría ahora por sus venas le recordaba su pasado humano, borroso y con recuerdos sueltos, al que renunció por amor.

Levantó el brazo ensangrentado, apuntando con la palma abierta al oscuro cielo.

- ¡¡Hermanos!! ¡¡Reclamemos lo que es nuestro!! - gritó todo lo que pudo.

Las nubes negras comenzaron a arremolinarse hasta un formar un gigantesco vórtice sobre la plataforma. El viento pasó a huracán, y el huracán a una tormenta de dimensiones bíblicas.

La gente de la ciudad corría de un lugar a otro sin ninguna dirección. El miedo se apoderó de sus almas y perdieron el razonamiento.

Se formó una tormenta de arena a los alrededores de la muralla que se expandía a gran velocidad y crecía exponencialmente de tamaño.

- ¡¡¡Es el fin!!! - las palabras de Laila casi eran inaudibles por el rugido que producía la tormenta y por la arena que obstruía su garganta.

De repente, miles de relámpagos cayeron sobre la tierra, algunos impactaron sobre la arena, pero la mayoría golpearon la ciudad. En apenas unos segundos todo quedó reducido a piedras y más arena, como si una mano invisible hubiera borrado la ciudad de un manotazo.

Terremotos y tsunamis de arena se produjeron unos tras otros a lo largo y ancho del continente. Muchas ciudades quedaron derruidas, otras simplemente desaparecieron por completo. En apenas unos minutos, la humanidad quedó al borde de la extinción.

El mundo era ahora, una extensión del inframundo.

- ¿Me echaste de menos? - preguntó Caleb a Laila. Y sus almas quedaron fundidas en un abrazo para toda la eternidad.

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Fin (VI)

Marzo 22nd, 2007

- ¡Eres un cobarde, igual que todo tu linaje!
- Yo… no sé… de qué estás… hablando - consiguió contestar entre sollozos.
- Ni siquiera sabes de qué eres culpable. Os habéis esforzado mucho en ocultar la verdadera historia, pero voy a contarte lo que realmente ocurrió - comenzó Caleb.

Nadie quiso que comenzara aquella guerra, peo aún así todo el mundo acabó implicado directa o indirectamente. Las bajas eran numerosas y las consecuencias en la agricultura y la economía empezaban a ser catastróficas. Fue por ello que un humilde alcalde contrató los servicios de un grupo de mercenarios para terminar de una vez por todas: los Rednash.

El emperador tragó saliva con dificultad mientras escuchaba atónito la historia, la historia de su gente, su pueblo y del mundo entero.

Temiendo que una batalla pudiera acabar con todo lo que más quería en este mundo, les ordenó que fueran de ciudad en ciudad, de estado en estado, sofocando el conflicto, a ser posible evitando más derramamiento de sangre.
Sorprendentemente los Rednash no pidieron nada a cambio de tan titánica tarea, pero ello era porque ya tenían sus propios planes. No sólo zanjaban el combate allí por donde pasaban, sino que además iban aumentando el número de combatientes a su favor, y cuando estuvieron preparados, proclamaron su propio imperio.

Las palabras cada vez eran más duras de pronunciar por Caleb, y más difíciles de esuchar por el emperador, que seguí sin dar crédito a sus palabras.

Pero las reacciones no se hicieron esperar y fueron muchos los que se sublevaron ante aquel nuevo intento de dominación autoritaria. Los Rednash, confiados de sí mismos, subestimaron aquellos vanos intentos que calificaron como pataletas, hasta que ya era demasiado tarde y se vieron desbordados.
Fue entonces cuando Noj Rednash acudió a nosotros en el inframundo, cegado por el miedo y la desesperación ante la posibilidad de perder todo lo que había conseguido. Era un monstruio sediento de poder capaz de hacer cualquier cosa con tal de mantener su posición.
Aceptamos ayudarle con la única condición de que pudiésemos campar por el mundo a nuestra voluntad y sin restricciones. Para nosotros fue fácil acabar con todos los débiles humanos que se atrevían a enfrentarse, pero Noj nos vió entonces como una amenaza, ya que teníamos el poder suficiente para acabar con él si quisiéramos.
En el más vil intento de traición conocido, y aprovechando el elemento sorpresa, consiguió sojuzgarnos.

Caleb estaba llorando al recordar aquellos atroces sucesos. Muchos conocios murieron mientras descansaban y la mayoría fueron atacados por la espalda. Una sola mirada de Laila le dió el ánimo suficiente para continuar.

Los que sobrevivimos pudimos elegir entre volver al inframundo para no regresar jamás o camuflarnos entre los humanos aguardando nuestro momento, el amargo sabor de la venganza. Varios han sido los que lo han intentado hasta la fecha sin éxito, con mayor o menor fortuna, - durante un segundo recordó a Jezabel - pero no ha sido hasta ahora el momento propicio. Después de mil años vuestro linaje está marchito, tú eres el último descendiente y ni la mitad de guerrero que fue Noj.

Esas últimas palabras se habían clavado en la cabeza del emperador como cuchillos de hielo. No quería creer ni una sola palabra, pero en el fondo sabía que había algo de verdad en todo ello.

- Me niego a creer nada de lo que has dicho. Y aunque fuera cierto no vas a poder hacer nada para evitarlo.

Mientras pronunciaba esta última frase, de forma sibilina agarró la katana que llevaba oculta tras sus largos ropajes. Sin vacilar, y desatando toda su rabia y dolor, se abalanzó sobre él.
Caleb no se esperaba que un un miserable humano pudiera atacarlo, y aunque trató de cubrirse de la afilada hoja, le separó en dos mitades con completa facilidad.

- ¿No te preguntaste nunca cómo unos simples humanos pudimos someteros? - preguntó el emperador con tono sarcástico mientras Caleb se desangraba sin remedio - En esta mágica y legendaria katana está la respuesta.

Una despiadada sonrisa se instaló en su cara a la vez que admiraba con fascinación la hoja, ahora manchada de un líquido negro y viscoso.

El cielo se cubrió por completo con una oscuridad antinatural cuando Laila pronunció unas palabras arcanas alzando los brazos al cielo. El viento se aceleraba a su alrededor y sus ojos rojos estaban clavados en el asesino de su amado.

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Génesis

Marzo 17th, 2007

El 18 de marzo este blog cumple un año de existencia. Lo que comenzó como algo pasajero y una simple vía de escape, finalmente ha ido calando y ahora forma parte de mí.

Durante las aburridas clases de la universidad me gustaba evadirme a otros mundos de fantasía, donde mi subconsciente correteaba libremente. Inventarme situaciones y personajes que ya existían en mi mente desde hacía mucho tiempo. Y cuando terminé los estudios, escribir en este blog era algo natural.

Me gustaría pensar que tengo una afición fiel, no por el hecho de que sean mis amigos, sino porque les gusta mi estilo, mis historias y tienen curiosidad por saber por dónde va a continuar mi imaginación. Por desgracia, las estadísticas no parecen acompañar a mi deseo (salvo alguna excepción ;) ), pero no por ello va a cambiar algo. Lo que escribo siempre lo hago por mí. A veces incluso leyendo mis propios escritos me sorprendo e intento rebuscar en mi cabeza porqué y cómo he llegado a esa sucesión de actos.

Muchas, aunque no todas, de mis historias han tenido su origen en un sueño en primer lugar. Una idea recurrente que se agita en mi mente y campa a sus anchas cuando cierro los ojos. La mayoría de las veces provocándome insomnio, que no desaparece hasta que la consigo expulsar a través de mis dedos.

Con motivo de este aniversario, quiero regalar a los lectores uno de los secretos mejor guardados por un servidor, no porque sea importante, sino porque han pasado tantos años sin prestarle atención que acabará olvidándose si no hago algo por evitarlo, como una receta familiar que se transmite generación tras generación. Voy a explicar el origen de la palabra que da nombre a todo lo que soy en la red de redes: Denibol.

Imagináos el contexto por un momento: hace casi 10 años en el recreo de un día en 3º de ESO. Por aquel entonces yo y mis amigos contábamos con unos 14 añitos aproximadamente. La discusión que en aquel momento nos distraía era la pronunciación de un par de juegos de éxito de la consola PlayStation: Medievil y Resident Evil. Nos llamaba la atención el hecho de que de forma natural con nuestro bajo nivel de inglés, “Resident Evil” lo pronunciábamos fonéticamente como “Resident Ibol“, mientras que el juego “Medievil“, a pesar de tener la misma terminación lo pronunciábamos tal cual se leería con las normas de la lengua castellana. Algo no cuadraba. Y aunque “Resident Evil” se podría pronunciar tal cual está escrito, con “Medievil” no encontrábamos la pronunciación adecuada y nos despistaba el hecho de que aparecieran dos sonidos “i” contiguos en apenas tres sílabas. Hasta que yo encontré la solución soltando el palabro: “Medinibol“. A todos les hizo tanta gracia que me hicieron los coros: “¡Ibol! ¡Ibol!“. A partir de ahí todo es historia. El uso excesivo de tal palabra inventada fue degenerando a cada día hasta quedarse en un simple “Denibol“, que usábamos como sufijo frecuentemente para meternos los unos con los otros. El más recurrido era “perrodenibol“.

Notad que la pronunciación lleva el acento, que no tilde, sobre la “i“.

Ése es el origen de todo. El génesis de muchas cosas que vinieron después, y que casi 10 años más tarde sigo utilizando con orgullo.

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Fin (V)

Marzo 15th, 2007

El centro del palacio era una enorme y espaciosa sala redonda. Tanto el techo como las paredes tenían mosaicos de color dorado y un rojos oscuro, como si hubiese sido pintado con millones de gotas de esos colores. La sala estaba completamente vacía a excepción de la, comparado con el resto, pequeña escalera de caracol que ascendía y desaparecía por la cúspide del abovedado techo.

- Está cerca. Lo presiento - murmuró Caleb.

La subida por los escalones se hizo eterna. Por un efecto óptico, la sala era mucho más grande de lo que aparentaba, y podría tener casi un centenar de metros de diámetro y casi otros tantos de alto. La grandiosidad de la estructura infundía respeto.

Las escaleras continuaban por un pequeño tramo a oscuras una vez alcanzado el techo, para finalmente salir al exterior. La salida daba acceso a una gigantesca plataforma redonda al aire libre. Se trataba del punto más alto del palacio, la ciudad y probablemente de cualquier otra construcción no natural del continente. Estaba anocheciendo y las ráfagas de viento cada vez eran más fuertes y frías.

- Mira - dijo Laila señalando un extremo de la plataforma.

De pie justo en el borde había una silueta, oscura por el contraluz del ocaso, pero claramente mirando el horizonte.

- ¡He dicho que quería estar solo! - gritó la figura sin tan siquiera moverse.
- ¿Eres un Rednash? - preguntó Caleb haciendo caso omiso a sus palabras.

La figura se dió la vuelta. A pesar de la gran distancia que les separaba, pudieron verle con detalle. Llevaba una especie de gabardina larga y negra hasta los tobillos que con cada soplo de aire ondeaba de manera siniestra. Era corpulento y tenía los brazos cruzados y estirados por la espalda. Rezumaba orgullo por todas partes y la pregunta claramente le había incomodado.

- ¡¿Quiénes sois vosotros que no reconocéis a vuestro emperador?! - gritó con tono muy serio y gesto desafiante.
- Llevamos esperando este momento mil años, desde que tus antepasados nos traicionaron - contestó Caleb.
- Venimos a reclamar lo que es nuestro - continuó Laila.
- ¿Vuestro? Aquí no hay nada para vosotros. Todo es mío. No sé quiénes sois pero os aconsejo que os vayáis antes de que lo lamentéis con vuestras vidas - dijo antes de darse la vuelta y volverles a dar la espalda.
- ¡Pequeño e insignificante necio! - gritó Caleb con rabia contenida.

Caleb y Laila se desnudaron arrancándose las ropas con un solo movimiento. Comenzaron a gritar con una voz tan grave y profunda que pondría los pelos de punta a cualquier mortal.

Aunque todavía no había terminando de ponerse el sol, el cielo se estaba oscureciendo rápidamente. Grupos de nubes se formaban de la nada y se estaban agrupando a la zona de cielo situada sobre sus cabezas.

Laila se agarró la parte del cuello inferior a la nuca, y como intentando desgarrarse la piel empezó a tirar con todas sus fuerzas sin dejar de gritar. La piel y la carne estaban cediendo y pronto el cuerpo humano se vislumbró como una crisálida que envolvía su verdadera forma. Más de dos metros de alas draconianas levantaron una intensa polvareda al batirse. Sólo la azulada piel de Laila y el tono rojizo de Caleb reflejaban la luz del, cada vez menos visible, sol.

- ¡Oh, dios mio! - dijo el emperador, ahora arrodillado y con lágrimas en los ojos.
- Pronto te reunirás con él - contestó Caleb.

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Fin (IV)

Marzo 12th, 2007

Durante los últimos años, las apariciones en público del actual legislador, Litenko Rednash, han ido reduciéndose hasta prácticamente desaparecer. Todos los rumores apuntan a una grave enfermedad y la oscura sombra de la sucesión planea sobre su único heredero.

Caleb y Laila se aproximaron al complejo presidencial. También tenía ocho accesos pero colocados de tal forma que no estuvieran alienados con la muralla externa, aunque estuviera bastante lejos de ella y hubiera infinidad de calles entre ellas. A cada lado de la puerta había apostado un guardia uniformado, bastante fornido y con una amplia variedad de armas blancas.

- Yo me ocupo del de la izquierda - le susurró Caleb a Laila.

Los dos guardias charlaban desde sus posiciones.

- Tienes que verlo, en serio.
- No hace falta, te creo. No todos los días uno se convierte en padre.
- Es una ricura de niño, no llora ni… - la frase terminó con un golpe seco, como un crujir de rama.
- ¿Yerai? ¿Qué ha sido eso? - preguntó con voz temblorosa mientras se dirigía hacia su compañero.

Pero sucompañero ya no estaba allí, y en su lugar había un enorme charco de sangre y parte de un brazo, con signos de haber sido arrancado de cuajo.

- ¡Mierda! - gritó

Se dió la vuelta con intención de salir corriendo y dar la alarma, pero se encontró cara a cara con aquellos ojos rojos y grandes. Antes de sufrir el mismo destino que su compañero, supo que aquellos ojos no eran humanos.

- Continuemos, ya estamos cerca - sentenció Lala.

Ambos entraron en el majestuoso edificio. Y quedaron deslumbrados por su decoración: grandes y coloridos tapices, muebles de exóticas maderas y sobre todo cuadros, cientos y cientos de cuadros entre los que había retratos de todos los descendientes del tiránico linaje y escenas y representaciones de acontecimientos ocurridos durante el último milenio.

- Es una lástima que se vaya a perder todo esto - suspiró Laila.
- Piensa a quién pertenecen. Todo viene del mismo sitio.
- Tienes razón, Caleb. No debemos olvidar la misión.

Avanzaron por los laberínticos pasillos en dirección al centro del edificio con sumo sigilo, pero cuando ya estaban cerca oyeron unas voces que se acercaban rápidamente.

- ¡Escondámonos! No nos interesa un enfrentamiento ahora mismo.

Las voces se fueron acercando. Se trataba de dos mayordomos visiblemente alterados y exaltados.

- No puede andar muy lejos. Hay que encontrale cuanto antes para darle la triste noticia y empezar con la ceremonia de coronación.
- ¿Dónde se habrá metido? Tenía que haber estado junto a su padre cuando exhaló su último aliento.

Siguieron caminando a gran velocidad hasta que sus voces se convirtieron en un susurro inaudible en la lejanía del pasillo.

- El rey ha muerto - susurro Laila.
- Sí, la última señal. Ha llegado el momento - dijo Caleb, mientras un brillo especial inundaba sus ojos.

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