Látex (y III)
Febrero 22nd, 2007Ahora tenía la posibilidad de dar rienda suelta a sus más oscuros deseos sin que Nora se opusiera a nada, como venía haciendo de un tiempo a esta parte. Y después podría recuperarla fácilmente tal y como decía la nota que acompañaba al extraño líquido.
Lo primero que hizo fue buscar unas tijeras y con cuidado de no perforar el frágil plástico, rasgó la ropa que aún llevaba puesta, ya que en la posición que se encontraba y sin poder flexionar las extremidades, le era imposible quitársela de otro modo.
Una vez desnuda, pudo apreciar que donde antes se encontraba la vulva, ahora había un orificio redondo análogo al que tenía como boca.
Joel se retiró un poco para contemplar por completo aquella figura humana. Realmente era una mujer preciosa. Rememoró los grandes momentos que habían pasado juntos e intentó recordar como habían llegado a esa situación de intolerancia mutua, pero no pudo. Se prometió a sí mismo que haría algo para remediarlo, pero no antes de disfrutar de ese placer que le había sido vedado durante tanto tiempo. Las palabras eran innecesarias en ese momento y ella no podría corresponderlas.
Lo que Joel no sabía era que Nora era consciente de todo, como un espectador impasible inmovilizado y encerrado en una jaula de plástico con su forma. Sin embargo, a pesar de encontrarse en ese estado contra su voluntad, el placer que estaba experimentando relegaba a un segundo plano cualquier otra emoción. Cada vez que Joel la tocaba, aunque fuera mínimamente, aquel cuerpo la proporcionaba una sensibilidad fuera de lo común, y quedaba inundada por el éxtasis.
Mientras Joel exploraba cada centímetro cuadrado de color rosa, descubrió que en la nuca de Nora había un tapón, similar al que tienen los balones de playa o las colchonetas. Estaba tan embriagado y cegado por sus propias fantasías que no se detuvo a pensar las consecuencias de sus actos. La delicadeza con la que trataba aquella muñeca al principio como si fuera porcelana, se fue perdiendo, y en un ataque de lujuria golpeó el tapón favoreciendo su apertura. Nora se estaba deshinchando entre sus brazos, como si por ese pitorro exhalara su último aliento.
El pánico se apoderó de Joel, que rápidamente bloqueó la salida de aire con sus dedos. Pero el escape había sido suficiente como para que la muñeca perdiera su firmeza. A Joel no se le ocurrió otra cosa que volver a hincharla con aire de sus propios pulmones.
Aquel susto volatilizó por completo su libido, y decidió revertir cuando antes la transformación. Llenó la bañera con agua caliente y soltó lentamente a Nora dentro. Pero no ocurrió nada, la muñeca simplemente flotaba.
Alguno de los dos debería haber leído el reverso de la nota que venía en la caja que decía: NO EXTRAER EL AIRE DE LA MUÑECA o sus efectos serán irreversibles.
Posted in Relatos | 7 Comments »
