Archive for Febrero, 2007

Fin (I)

Febrero 27th, 2007

Hacía tres días que partieron e la ciudad de Mar-El-Salad. Después de varios meses vagando por las calles, mendigando, comiendo a duras penas, y realizando trabajos de los que no estaban orgullosos, consiguieron el dinero suficiente para comprar un camello y un poco de comida.

El desierto era un lugar que no acogía a sus moradores. Tormentas de arena azotaron varios veces su camino, impidiéndoles avanzar, y cuando podían, lo hacían bajo un sol abrasador. Las noches gélidas les aterían todos los músculos y tenían que acurrucarse junto al animal para no morir de frío. La escasa comida que consiguieron, la racionaron todo lo que pudieron entre ellos y el camello. En muchas ocasiones, sólo su inquebrantable fé les empujaba a seguir adelante.

Finalmente, en uno de los atardeceres vislumbraron tras unas dunas la ciudad-fortaleza de Reddom. Otra tormenta de arena se estaba preparando mientras se acercaban y cuando llegaron a una de las puertas principales de la muralla, la arena y polvo levantados les impedían ver la parte superior de la puerta y la muralla. Durante siglos, Reddom había resistido, gracias a su fortificación, cientos de asedios y miles de tormentas del desierto. Su condición de inexpugnable era conocida en todo el continente.

La puerta era una de las ocho que disponía la muralla. Cada una de ellas era de una decena de metros de ancha y un par de decenas de alta. Las bisagras eran tan grandes como una persona de estatura media. Para llamar utilizaron la aldaba de gran tamaño que al retumbar inquietó al animal. La rectangular mirilla se abrió sólo una ligera rendija ya que la tormenta estaba arreciando.

- ¿Quiénes sois y qué queréis? - dijo una voz al otro lado de la puerta.
- Somos Caleb y Laila de la casa Tarel. Venimos a visitar a un familiar - dijo Caleb.

Tras unos segundos de pausa, el guardia volvío a hablar.

- No consta nadie de la casa Tarel en Reddom. Será mejor que digáis la verdad.
- El familiar es de mi acompañante de la casa Pear.

De nuevo otra pausa.

- ¡La casa Pear no es bien recibida aquí! ¡Marchaos!
- ¡Pero necesitamos entrar! ¡Y la tormenta está empeorando! - gritó Caleb

Dentro se inició una pequeña discusión y al poco la gigantesca puerta se abrió lo justo para que pasaran ellos y el camello. El chirrido de los goznes ponía los pelos de punta. Hacía mucho tiempo que no se abría.

- Disculpad a mi compañero. Es demasiado riguroso con las normas - dijo otro guardia disinto, más joven que el anterior.
- Muchísimas gracias, señor - contestó Laila con una reverencia
- De todas formas os estaremos vigilando. Disfrutad vuestra estancia en Reddom.

La enorme puerta se cerró tras ellos, y aquella sería la última vez que lo haría.

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Oro

Febrero 24th, 2007

Retumban por mi mente
fragmentos de tu sonrisa.
En tan sólo un instante
te grabé en mi memoria.

Con la fuerza de cien soles
y el brillo de mil estrellas,
ondulaba tu melena al viento
sobre tus cálidas mejillas.

Dulce manantial dorado
que se desliza por tus hombros,
y que alimenta con delicadeza
tu angelical belleza.

El sólo recuerdo de tu cuerpo
rozando las ceñidas telas,
es capaz de inspirarme luz
en los más nublados días.

Dedicado a una simpática camarera.

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Látex (y III)

Febrero 22nd, 2007

Ahora tenía la posibilidad de dar rienda suelta a sus más oscuros deseos sin que Nora se opusiera a nada, como venía haciendo de un tiempo a esta parte. Y después podría recuperarla fácilmente tal y como decía la nota que acompañaba al extraño líquido.

Lo primero que hizo fue buscar unas tijeras y con cuidado de no perforar el frágil plástico, rasgó la ropa que aún llevaba puesta, ya que en la posición que se encontraba y sin poder flexionar las extremidades, le era imposible quitársela de otro modo.

Una vez desnuda, pudo apreciar que donde antes se encontraba la vulva, ahora había un orificio redondo análogo al que tenía como boca.

Joel se retiró un poco para contemplar por completo aquella figura humana. Realmente era una mujer preciosa. Rememoró los grandes momentos que habían pasado juntos e intentó recordar como habían llegado a esa situación de intolerancia mutua, pero no pudo. Se prometió a sí mismo que haría algo para remediarlo, pero no antes de disfrutar de ese placer que le había sido vedado durante tanto tiempo. Las palabras eran innecesarias en ese momento y ella no podría corresponderlas.

Lo que Joel no sabía era que Nora era consciente de todo, como un espectador impasible inmovilizado y encerrado en una jaula de plástico con su forma. Sin embargo, a pesar de encontrarse en ese estado contra su voluntad, el placer que estaba experimentando relegaba a un segundo plano cualquier otra emoción. Cada vez que Joel la tocaba, aunque fuera mínimamente, aquel cuerpo la proporcionaba una sensibilidad fuera de lo común, y quedaba inundada por el éxtasis.

Mientras Joel exploraba cada centímetro cuadrado de color rosa, descubrió que en la nuca de Nora había un tapón, similar al que tienen los balones de playa o las colchonetas. Estaba tan embriagado y cegado por sus propias fantasías que no se detuvo a pensar las consecuencias de sus actos. La delicadeza con la que trataba aquella muñeca al principio como si fuera porcelana, se fue perdiendo, y en un ataque de lujuria golpeó el tapón favoreciendo su apertura. Nora se estaba deshinchando entre sus brazos, como si por ese pitorro exhalara su último aliento.

El pánico se apoderó de Joel, que rápidamente bloqueó la salida de aire con sus dedos. Pero el escape había sido suficiente como para que la muñeca perdiera su firmeza. A Joel no se le ocurrió otra cosa que volver a hincharla con aire de sus propios pulmones.

Aquel susto volatilizó por completo su libido, y decidió revertir cuando antes la transformación. Llenó la bañera con agua caliente y soltó lentamente a Nora dentro. Pero no ocurrió nada, la muñeca simplemente flotaba.

Alguno de los dos debería haber leído el reverso de la nota que venía en la caja que decía: NO EXTRAER EL AIRE DE LA MUÑECA o sus efectos serán irreversibles.

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Látex (II)

Febrero 18th, 2007

Avanzaba pegado a la piel y por debajo de la ropa. En apenas unos pocos segundos tenía la pierna completamente cubierta y continuaba extendiéndose. Pero lo que provocó a Nora lanzar un grito de pánico fue que por las zonas de su cuerpo cubiertas ya durante unos pocos segundos, empezaban a transformarse.

La masa viscosa se retiraba para dejar paso a una capa de plástico translúcido de color rosado. Su pie era ahora un globo relleno de aire que iba sustituyendo a su cuerpo original. Cuando la transformación llegó a la rodilla, Nora no pudo mantenerse de pie y cayó al suelo. Estaba asustada y su respiración acelerada por la ansiedad. El pánico la impedía articular palabra para pedir ayuda o intentar buscar a alguien.

El hecho de que la doliera la desconcertaba, de hecho tenía la sensación de un cálido masaje, como si miles de manos estuvieran acariciando hasta el más recóndito de sus rincones. De hecho cuando aquel espeso líquido alcanzó su zona vaginal, no pudo evitar soltar un prolongado y sonoro gemido de placer. Hacía mucho tiempo que ningún hombre o mujer la había hecho sentir de esa forma, así que decidió dejarse llevar y disfrutar de aquellas sensaciones que inundaban su cabeza. Poco a poco el miedo dejaba paso a un exquisito placer.

En apenas unos minutos la transformación era completa. El cuerpo de Nora era ahora una muñeca rosada hinchable. Su cara era como una caricatura. Conservaba sus rasgos, pero sus ojos estaban exageradamente abiertos como en un comic japonés y su boca un orificio completamente redondo y abierto.

Joel no daba crédito a lo que veía. Había estado observando oculto desde una esquina de la habitación, mientras su excitación fue aumentando. Se acercó lentamente a la muñeca con forma de Nora, como si tuviera miedo de que en cualquier momento saltara y le atacara. La agarró por un brazo con sumo cuidado. El tacto era de plástico firme, pero cálido al mismo tiempo, como si estuviera… vivo. La cogió entre sus brazos con facilidad, al fin y al cabo ahora no era más que aire y goma, y la depositó sobre la cama.

Por la mente de Joel recorrieron en apenas un segundo miles de fantasías sexuales. Una deformada mueca de sonrisa se dibujó sobre su cara, mientras sus ojos irradiaban superioridad al mirar a Nora.

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Látex (I)

Febrero 10th, 2007

Aquel sábado se levantaron los dos tarde por la mañana. Joel fue a la cocina aún en pijama a prepararse el desayuno mientras Nora se duchaba. Estaba terminando de hacer el café cuando de repente sonó el tibre de la puerta de casa. Extrañado por la interrupción a aquellas horas, Joel fue rápidamente a abrir la puerta por si se trataba de algo importante.

Pero no había nadie, en su lugar encima del felpudo había un pequeño paquete de cartón marrón perfectamente embalado. No tenía remitente y como destino venía la dirección de su casa, por lo que no se trataba de una confusión, aunque desde luego no había sido entregado por el servicio regular de mensajería.

Lo abrió y dentro encontró un pequeño trozo de papel y una bola de plástico rígido rosa. La nota decía: “DISFRAZ DE MUÑECA HINCHABLE. Abrir la bola y verter su contenido directamente sobre el cuerpo. Quitar con agua caliente”.

Mientras examinaba la bola, Nora entró en el salón con el pelo aún mojado. Era una chica preciosa, no muy alta pero con una frondosa melena morena, y un cuerpo para provocar el infarto. Llevaba puesto unos pantalones muy cortos que sólo se ponía para andar por casa y una camiseta de tirantes.

- ¿Quién ha llamado? He oído el timbre desde la ducha - preguntó.

Joel simplemente la dió la nota que venía en la caja sin dirigirla la palabra. Últimamente las cosas no iban muy bien entre ellos. Se echaban la culpa mutuamente, pero lo que estaba claro era que la pasión se había esfumado de aquella relación.

- Tíralo a la basura - concluyó ella mientras arrugaba el trozo de papel.
- ¿Por qué? Podría ser interesante.

Nora volvió al baño sin contestarle, pero Joel estaba decidido a probar aquel misterioso invento que había llegado a sus manos. Colocó la bola justo delante de la puerta del baño camuflado entre varios cojines. Entre el desorden que había, pasaba desapercibida.

Cuando Nora salió del baño pisó justamente en la trampa preparada por Joel. Rompió la bola de plástico y su contenido viscoso también de color rosa se pegó a su pie.

- Pero, ¿qué coño…

Iba a levantar el pie para examinárselo, pero no hizo falta. Aquella masa viscosa se estaba extendiendo sola y avanzaba a velocidad constante por la pierna.

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