El accidente (III)

- Tienes suerte. Shade es de los mejores receptores de esta zona. Demasiado amable para mi gusto - dijo uno de los guardias uniformados que estaba cerca.
- Cállate. Déjame hacer mi trabajo - le contestó Shade.

- Te voy a explicar como funcionan las cosas aquí, y cómo será tu nueva vida a partir de ahora.

Joan se había levantado, pero seguía con la mirada perdida hacia el suelo.

- Más te vale que me prestes atención. Bien, voy a empezar por explicarte en qué consiste mi trabajo.

Cuando una persona, tal y como has dicho tú, muere, aparece en salas como ésta. Ha cientos de ellas y cada una representa el punto de entrada procedente de una zona geográfica. Depende de donde mueras, va a parar a una sala u otra. Para cada sala hay asignados varios receptores cuya misión es dar la bienvenida a cada persona y transferirle a la zona que ellos quieran.

- ¿Puedo ir a donde quiera? - interrumpió Joan, con cierta curiosidad ahora
- Sí, a cualquier parte de este mundo.
- ¿Este mundo? - se extraño

Cada cierto tiempo, y por decisión de nuestros superiores, se crea una copia del mundo actual en el que vives para que las personas que vienen aquí puedan habitarlo. Lo que puedes elegir es el lugar de este mundo en el que quieres vivir.

- ¿Entonces voy a convivir con otras personas?
- ¡Claro! Estarás en el mismo mundo que todas las personas que han llegado en la última época hasta que se cree uno nuevo, momento en el cual se cerrará éste a nuevos ingresos y se enviarán al nuevo.
- Supongo que será tontería preguntarlo, pero, ¿voy a pasar toda la eternidad aquí? - preguntó con cierta tristeza en su voz.
- Me temo que sí. Aquí podrás relacionarte con todos los que habiten este mundo sin restricciones. Podrás hacer todo lo que quieras y si quieres casarte o vivir con cualquier otro residente. Y por supuesto aquí el tiempo no existe y jamás envejecerás.
- ¿Y puedo llegar a formar una familia? - una nueva ilusión se adueñó de Joan.
- Tenemos un control muy estricto de la población. Está terminantemente prohibido que tengáis hijos. ¿Te imaginas la aberración? Aquí sólo pueden habitar las personas cuya parte física ha dejado de existir.
- ¿Y cómo pensáis evitarlo? - dijo con tono desafiante.
- Cualquiera que cometa una infracción, como molestar a otros residentes, intentos de asesinato, ya que aquí no se puede morir, o la procreación, son amonestados y enviados a las salas de castigo y créeme, no es un lugar al que quieras ir.

- Bueno, ¿y ya has pensado dónde quieres residir? - preguntó Shade.

Joan estaba pensativo. Era demasiada información, demasiados cambios bruscos como para asimilarlos rápidamente. Ante él se le abría un nuevo mundo eterno en el que podría empezar desde cero. Tenía la posibilidad de corregir los errores de su vida anterior y toda la eternidad para practicar y mejorar pero, ¿sería capaz de comportarse de otra manera y cambiar lo que, en esencia, le definía como persona?

Uno de los guardias uniformados entró corriendo en la sala y fue directamente a hablar con Shade. Le dijo algo al oído en voz baja y se volvió a ir corriendo por donde había venido.

- Joan, me temo que tenemos un problema - dijo Shade.

Este post fue escrito el Sábado, Enero 13th, 2007 a las 13:26 y está archivado en la(s) categoría(s) Relatos. Puedes seguir los comentarios de esta entrada suscribiéndote a este feed RSS 2.0. Puedes dejar un comentario, o enviar un trackback desde tu web. Technorati icon


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