El accidente (I)
Enero 3rd, 2007- ¿Y por qué no se lo dices?
- Es que no sé. Me da mucho miedo que me diga que no - contestó.
Joan llevaba un montón de meses colado por Kendra. Desde que sus amigos se la presentaron en una fiesta de verano de la universidad. Desde entonces cada vez que la veía, que a muy pesar suyo no era muy a menudo, no tenía ojos para nadie más. Esa sensación que recorre el cuerpo tan difícil de describir y que tan conocidos síntomas provoca, pero que cualquier enamorado sabe exactamente de qué se trata.
- Pues si no se lo dices no lo sabrás nunca.
Sabía que Andy tenía razón, pero por algún extraño motivo se negaba a aceptarlo. Esperaba que todo se arreglara y saliera adelante a través de alguna intervención divina o mágica. Y hasta ese momento no había ocurrido nada.
- Quizás si ella sintiera algo por mí me habría dicho algo, ¿no crees? - intentó defenderse.
- Sí, claro, o quizás esté esperando igual que tú a que el otro dé el primer paso.
Tenía respuestas para todo. Y para su desgracia cada una era una verdad que se le clavaba en el corazón.
Iban Joan y su amigo bajando la calle mientras charlaban. Habían estado de compras y Andy le sugirió que le comprara algo a su "amor platónico". La mayoría de sus amigos le gastaban bromas y hacían comentarios sobre su estado de enamorado-depresivo. Joan intentaba tomárselo con humor, pero bastante mal lo pasaba ya como para que encima se rieran de él por ello.
Se disponían a cruzar una de las calles del barrio, pero mientras Andy se detuvo ante el semáforo rojo, Joan no lo vió y siguió caminando. A partir de ahí todo pasó muy deprisa. Andy le gritó, Joan se dió la vuelta, y un coche le embistió por detrás sin que ni siquiera pudiera verlo. Todo se tornó rojo y negro.
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