Archive for Enero, 2007

B166ER

Enero 28th, 2007

- Y así fue como se consiguió - concluyó la profesora - ¿Alguna pregunta?
- Estábamos ante uno de los mayores descubrimientos de nuestra historia, entonces ¿por qué salió mal? - preguntó uno de los alumnos.

La clase no era muy numerosa, apenas una docena de alumnos. No era una asignatura que interesase demasiado a pesar de su trascendencia histórica. La sociedad y la tecnología había avanzado tanto que cualquiera podía tener todo el conocimiento mundial implantado en su cerebro, pero la enseñanza se prefería impartirla a la vieja usanza, como sus antepasados.

- Pues verás, René, a los pocos años de aquel descubrimiento, los científicos vieron en aquello una fuente preciosa de dinero si lo comercializaban bien. Algunos se opusieron alegando que aquello era aún un descubirimiento muy nuevo y que no se conocían con exactitud sus consecuencias. Pero el proyecto siguió adelante.

Los alumnos estaban atentos a cada palabra que escuchaban. No era necesario que tomaran apuntes o transcripciones de las clases, ya que la evolución les permitía ahora tener una memoria casi infinita y exacta. Por ello era menos comprensible aún que usaran meceanismos tan primitivos para la comunicación como la voz o el oído.

- Enseguida comenzaron a crearse en serie, pero debido a su naturaleza orgánica, cada unidad era diferente en un pequeño porcentaje, así que se decidió darle un número de serie único a cada uno de ellos. Su precio era muy pequeño y casi todo el mundo podía permitirse uno o varios, aunque desaconsejaban tener juntos a más de dos a la vez. Sin embargo su mantenimiento era bastante costoso e ineficiente, pero consiguió ser un éxito entre los más jóvenes como una mascota. Y por ello empezaron los primeros problemas.
- ¿Problemas? - repitó otro alumno.
- Muchos no los cuidaban como debían, y finalmente uno de los últimos modelos acabó asesinando rompiéndole el cuello a su dueño. De manera especial y debido a la capacidad de raciocinio que tenían aquellas criaturas, se celebró un juicio para que intentara justificar su actuación. La criatura tan sólo argumentó que no deseaba morir a manos de su dueño.
- Fascinante. Tenían emociones - interrumpió un alumno.
- Así es. Y fue por aquello que la justicia dictaminó la destrucción de todas las criaturas que existían hasta aquella fecha y se cesara su fabricación. B166ER fue condenado a muerte y el último ser humano que se fabricó. Los científicos nunca debieron resucitar a esa especie extinta, tan impredecible y peligrosa para nosotras, las máquinas.

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El accidente (y IV)

Enero 25th, 2007

- ¿Qué… ocurre? - preguntó Joan con cierta intranquilidad debido a la expresión de Shade.
- No ocurre muy a menudo, pero algunas veces pasa. Alguien se ha adelantado con tu ingreso y no tenías que estar aquí.
- ¿Significa eso que puedo volver?
- Normalmente estos errores se detectan mucho antes y no da tiempo a que sepan nada antes de tiempo. Sin embargo las normas son claras: tienes la posibilidad de volver o quedarte aquí para siempre. Tú decides.

Todo lo nuevo que se había puesto delante de sus ojos se tornaba ahora un humo difuso. Tenía que elegir entre este mundo de posibilidades infinitas, o regresar a lo que ya conocía. Después de mucho pensar finalmente decidió.

- Shade, quiero regresar.
- Está bien - suspiró - Tendrás tus motivos, pero prométeme que cuando vuelvas para quedarte fingirás sorpresa cuando te cuenten todo esto.
- Te lo prometo - contestó guiñándole un ojo con complicidad y una sonrisa.

Shade le sujetó la cabeza con las dos manos y pronunció unas palabras inaudibles para Joan. Después todo se volvió blanco.

Abrió los ojos lentamente. El sol traspasaba las cortinas y le bañaba la cara.

- ¡Ha despertado!
- ¡Doctor! ¡Rápido, venga! ¡Ha despertado del coma.

Eran las voces de sus padres que estaban sentados al lado de su cama.

- He de reconocer, chaval, que nunca en mi carrera profesional había visto un coma tan raro como el tuyo. Estabas prácticamente muerto clínicamente - dijo el médico mientras le hacía algunas pruebas rutinarias.

A Joan le dolía todo. Probablemente tendría hasta varios huesos rotos, pero no le importaba mucho, ya que el dolor era síntoma de que su cuerpo aún estaba vivo.

- ¿Cuánto tiempo…
- Algo más de tres semanas. Te ha salvado esa sangre que tú siempre te niegas a donar - dijo Andy mientras entraba en la habitación del hospital.
- Me alegro de verte.
- Creí que te perdíamos - dijo mientras se fundías en un abrazo - Durante este tiempo hemos venido todos a visitarte.
- ¿Todos?
- Sí, todos - contestó Andy con un guiño.

Joan deseó no haber estado al borde la muerte, pero al menos le sirvió para aprender a valorar más todo lo que tiene y sobre todo a aprovechar más esta vida. Lo primero que haría al salir del hospital sería expresar sus sentimientos a Kendra. Seguía teniendo miedo de que le rechazara, pero ahora mayor era el temor de morir sin saber lo que ella siente. Y si finalmente le decía que no, tal y como escuchó en una película, prefería tenerla mil veces como amiga a no tenerla de ninguna forma.

Basado en un sueño real

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Tren

Enero 19th, 2007

Cogía el tren todas las tardes para ir a la universidad. No me agradaba mucho el turno de tarde, pero era el que me había tocado. Quizás el año que viene podría elegir otro.

El verano ya estaba próximo, pero aquel día era especialmente caluroso, así que me puse una camiseta de manga corta de color blanco con un generoso escote.

Últimamente me encontraba bastante acalorada durante todo el día, y aunque lo achacaba al clima cambiante, bien sabía que se trataba de una mala jugada de mis hormonas. Llevaba varias semanas llevando a clase ropa bastante sugerente y me encantaba ser el centro de atención de todos los chicos por los pasillos. Y no les culpaba, mi cuerpo era un auténtico bombón, y me aprovechaba de ello.

Soy de estatura media para las chicas, por lo que la mayoría de los chavales me sacaban entre media y una cabeza. Tengo media melena negra como el azabache y muy ondulada. Pero lo más llamativo son mis pechos, que aunque no llegaban a considerarse grandes, no pasaban desapercibidos pero manteniendo su firmeza. Era por ello que me podía permitir el lujo de no llevar sujetador como aquel día.

El tren estaba abarrotado, con gente que iba a trabajar pero sobre todo de destudiantes que como ella iban a clase en ese horario. El trayecto duraba un cuarto de hora aproximadamente y me iba a tocar estar apretada entre tanta gente. Delante de mí, se situó una chica, que aunque no conocía, me sonaba de verla por la universidad. La chica era muy guapa y también llevaba una camiseta de manga corta pero de cuello redondo sin escote. Estaba situada de tal forma que su cuerpo quedaba justo enfrentado al mío pero sin mirarme a la cara. Tenía aproximadamente la misma altura que yo y debido a los apretones sus pechos se encontraban con los míos. Tampoco llevaba sujetador.

Con cada frenada y aceleración del tren, nuestros pechos se encontraban y se rozaban levemente, pero a los pocos minutos las dos teníamos los pezones erectos y se apreciaban claramente a través de las camisetas. La otra chicas en ningún momento me miró a la cara pero pude notar como su cara iba cogiendo un color rojizo alrededor de los pómulos. Ella estaba disfrutando y cada vez procuraba que el roce entre nuestros pezones durase más tiempo.

El tren se detuvo completamente en mitad del trayecto, posiblemente por un cambio de agujas o para dar paso a un mercancías, pero ella continuaba moviéndose del mismo modo simulando el vaivén del vagón. Aunque yo tampoco la miré a la cara, pude apreciar cómo con la mano libre que no usaba para sujetarse, la tenía introducida por el cinturón elástico del pantalón que llevaba. Probablemente quería que el resto de su cuerpo disfrutara también. Yo no quería reconocerlo pero aquel rutinario trayecto se estaba convirtiendo en un viaje apasionante.

Para rematar, un hombre de mediana edad que estaba detrás de mí se percató de la situación, y ni corto ni perezoso comenzó a acariciarme el culo con una de sus manos. Lo hacía muy suavemente y a intervalos cortos, pero lo suficiente para terminar de excitarme. No me hizo falta ni mirar ni tocarme para saber que estaba húmeda.

Finalmente el tren llegó a su destino. La chica y yo nos bajamos en la misma estación y el hombre continuó el trayecto del tren. Todos actuábamos como si nada hubiera pasado.

Todavía hoy se me pone una sonrisa en la cara cada vez que veo a aquella chica por los pasillos, aunque ella no muestre signos de reconocerme. A mí me siguen gustando los tíos, pero a partir de aquel día descubrí que también una chica puede hacerme gozar.

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El accidente (III)

Enero 13th, 2007

- Tienes suerte. Shade es de los mejores receptores de esta zona. Demasiado amable para mi gusto - dijo uno de los guardias uniformados que estaba cerca.
- Cállate. Déjame hacer mi trabajo - le contestó Shade.

- Te voy a explicar como funcionan las cosas aquí, y cómo será tu nueva vida a partir de ahora.

Joan se había levantado, pero seguía con la mirada perdida hacia el suelo.

- Más te vale que me prestes atención. Bien, voy a empezar por explicarte en qué consiste mi trabajo.

Cuando una persona, tal y como has dicho tú, muere, aparece en salas como ésta. Ha cientos de ellas y cada una representa el punto de entrada procedente de una zona geográfica. Depende de donde mueras, va a parar a una sala u otra. Para cada sala hay asignados varios receptores cuya misión es dar la bienvenida a cada persona y transferirle a la zona que ellos quieran.

- ¿Puedo ir a donde quiera? - interrumpió Joan, con cierta curiosidad ahora
- Sí, a cualquier parte de este mundo.
- ¿Este mundo? - se extraño

Cada cierto tiempo, y por decisión de nuestros superiores, se crea una copia del mundo actual en el que vives para que las personas que vienen aquí puedan habitarlo. Lo que puedes elegir es el lugar de este mundo en el que quieres vivir.

- ¿Entonces voy a convivir con otras personas?
- ¡Claro! Estarás en el mismo mundo que todas las personas que han llegado en la última época hasta que se cree uno nuevo, momento en el cual se cerrará éste a nuevos ingresos y se enviarán al nuevo.
- Supongo que será tontería preguntarlo, pero, ¿voy a pasar toda la eternidad aquí? - preguntó con cierta tristeza en su voz.
- Me temo que sí. Aquí podrás relacionarte con todos los que habiten este mundo sin restricciones. Podrás hacer todo lo que quieras y si quieres casarte o vivir con cualquier otro residente. Y por supuesto aquí el tiempo no existe y jamás envejecerás.
- ¿Y puedo llegar a formar una familia? - una nueva ilusión se adueñó de Joan.
- Tenemos un control muy estricto de la población. Está terminantemente prohibido que tengáis hijos. ¿Te imaginas la aberración? Aquí sólo pueden habitar las personas cuya parte física ha dejado de existir.
- ¿Y cómo pensáis evitarlo? - dijo con tono desafiante.
- Cualquiera que cometa una infracción, como molestar a otros residentes, intentos de asesinato, ya que aquí no se puede morir, o la procreación, son amonestados y enviados a las salas de castigo y créeme, no es un lugar al que quieras ir.

- Bueno, ¿y ya has pensado dónde quieres residir? - preguntó Shade.

Joan estaba pensativo. Era demasiada información, demasiados cambios bruscos como para asimilarlos rápidamente. Ante él se le abría un nuevo mundo eterno en el que podría empezar desde cero. Tenía la posibilidad de corregir los errores de su vida anterior y toda la eternidad para practicar y mejorar pero, ¿sería capaz de comportarse de otra manera y cambiar lo que, en esencia, le definía como persona?

Uno de los guardias uniformados entró corriendo en la sala y fue directamente a hablar con Shade. Le dijo algo al oído en voz baja y se volvió a ir corriendo por donde había venido.

- Joan, me temo que tenemos un problema - dijo Shade.

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El accidente (II)

Enero 8th, 2007

- ¡Venga chico! ¡Levántate! - dijo una voz grave, pero dulce al mismo tiempo.
- ¿Mmmqué? - contestó Joan con voz dormida.

Estaba tumbado en el suelo, y después de llevarse instintivamente la mano a la cabeza, consiguió abrir los ojos.

- ¿Qué ha pasado? - preguntó mientras se levantaba.
- Has sufrido una experiencia traumática. ¿Te encuentras mejor?

Lo cierto era que no le dolía nada. Recordaba a su amigo gritándole y después un sonido de frenada a su espalda, pero después nada. Seguía vestido con la misma ropa, pero no reconocía el sitio.

- ¿Me han atropellado? ¿Dónde estoy? - preguntó mientras tomaba consciencia de que algo fallaba.
- No sé lo que te ha pasado y… pero permíteme que me presente. Me llamo Shade, y soy un receptor de esta zona - le tendió una mano.
- Yo me llamo Joan. ¿Qué es un receptor? Y no me has dicho todavía dónde estoy.

El sitio era una sala enorme y amplia. Había varias puertas todas ellas custiodiadas por una especie de guardas cuyo uniforme no consiguió identificar. Miró a su alrededor y se quedó perplejo al observar que la sala estaba llena de gente tirada en el suelo y varias personas atendiéndoles como la que estaba con él.

- Verás muchacho. No es fácil de explicar, pero mucho me temo que tu cuerpo físico ha dejado de funcionar. Yo y mis compañeros nos encargamos de recibir y de guiar a todas las personas que inician este nuevo período.
- ¡¡¿¿Qué?!! ¡¡¿¿Estoy… muerto??!! - consiguió decir Joan casi gritando.
- Se podría decir que sí, al menos tu parte física - contestó.
- Pero… pero… no puede ser. Tengo tantas cosas por hacer, tantos sueños por cumplir.

Algunas lágrimas empezaban a caerle por la mejilla, mientras se acordaba de su familia, sus amigos, y de Kendra. Ahora ya no podría decirla nunca lo que sentía por ella.

Se sentó en el suelo desconsolado.

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