Desconocida (I)
Marzo 21st, 2006Zoe sabía que algo no iba bien. Había llamado a Naira como otras muchas mañanas, pero esta vez no pudo hablar con ella. Alguien había levantado el auricular pero nadie contestó al otro lado. Le pareció oir una respiración pero en cuanto empezó a hablar y preguntar, la línea se colgó.
Por un momento pensó en volver a llamar, pero atribuyó lo que había pasasdo a una mezcla entre un error en las íneas telefónicas y su imaginación, y lo dejó pasar. Además, la llamada no era tan importante.
Solía llamarla dos o tres veces por semana y se había convertido en una rutina. Casi nunca se contaban nada especial, pero representaba un respiro a media mañna y una excusa para mantener esa extraña relación. Zoe y Naira nunca se habían visto en persona desde que se conocieron hace ya casi año y medio.
La primera vez que hablaron fue de forma totalmente fortuita. Zoe trabajaba en el departamento de atención al cliente de LinkCortex, una conocida emperesa de telecomunicaciones. En aquel momento había más de veinte personas trabajando allí y la casualidad quiso que fuera precisamente ella quien atendiera aquella llamada.
La llamada provenía de una mujer, era difícil deducir su edad sólo por la voz, pero no parecía ni muy mayor ni extremadamente joven. Lo primero que le llamó la atenció a Zoe fue la calma y serenidad con la que interlocutora le experesaba su queja. Normalmente todas las llamadas que se atendían allí eran de gente muy enfurecida, que no sólo se conformaba con expresar su disconformidad sobre algún servicio, sino que muchas solían descargar de manera personal parte de su odio reprimido sobre el desconocido que le estaba atendiendo. Afortunadamente todos ellos habían recibido un cursillo especial para soportar esas situaciones.
Aquella inusitada serenidad le había alegrado la mañana a Zoe. Se agradecían aquellos respiros fuera el momento que fuera. Registró la incidencia en su ordenador como cualquier otra y pasó el aviso a quien correspondía.
Todo hubiera quedado en una simple reseña si no hubiese ocurrido lo que ocurrió a continuación. A los pocos minutos de aquella llamada, Zoe recibió otra. Todos los operarios podían ver el número de teléfono desde el cual se originaba la llamada por motivos de seguridad y para que una persona no provoque avisos de incidencia sobre otras líneas que no fueran suyas.
El número de teléfono de aquella nueva llamada le resultaba conocido. Contestó y casi dió un respingo sobre la silla cuando empezó a oir gritos y jaleo al otro lado. Los gritos provenían de un hombre con una voz bastante grave. Hablaba tan deprisa y en un tono tan alto que le era imposible entender nada de lo que decía, pero suponía que no eran precisamente halagos. Zoe le pidió que se calmara y que volviera a repetir todo pero más despacio. Entre tantos gritos pudo distinguir claramente a una mujer sollozando. El hombre habló un poco más despacio pero insuficiente para poder saber exactamente que quería. Solo entendió algunas palabras sueltas como “incompetencia”, “estúpida”, “inútil” y “mujer”. Después de aquello colgó.
Zoe se quedó perpleja. En los cursillos no la habían preparado para esas situaciones tan extremas. No sabía como reaccionar. ¿Debía llamar al servicio de emergencias? ¿o estaba sacando las cosas de su contexto?
Volvió a mirar la pantalla donde aparece el número de teléfono entrante, y comprobó con estupor como las dos últimas llamadas provenían del mismo número.
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